martes, 19 de junio de 2018

Sembrando vientos “progresistas”

La clase de cine que algunos hacen en Cuba y no me refiero al necesario cine crítico (ese es otra cosa)- busca, a mi entender, objetivos oscuros. Los reiterativos guiones de ese “nuevo” cine, en realidad tan viejo por reaccionario, tocan siempre idénticos puntos. Uno de ellos es la droga. Para nada descartable su existencia, fundamentalmente en La Habana-, campo de batalla donde se desarrolla la lucha de clases en la isla- el fenómeno no es nuevo y guarda relación con el necesario y, al mismo tiempo degenerado, turismo occidental; sin embargo su volumen es incomparable con el que mueven las blanqueadoras entidades financieras de Occidente. Su tráfico estatalizado, habría sido la excusa perfecta para agredirla militarmente.

Al hilo de esta cuestión,  ni por asomo  existen clanes o bandas en los barrios de La Habana- como nos lo presentan ciertos filmes realizados al más puro estilo estadounidense- dedicados al menudeo de la droga. Esas bandas están todas en el continente americano y por extensión en el mundo "civilizado". En Cuba, quien está presente en el barrio, en la cuadra, es el CDR, que hace inviable semejantes fantasías peliculeras. 

La corrupción-, otro de los temas en liza- siempre relacionada con los oportunistas que se suben al carro del vencedor, en este caso la Revolución, es combatida en Cuba como se demostró cuando varios altos cargos, de todos conocidos, fueron purgados y son constantes las denuncias contra esa lacra. Por otra parte es de una ridiculez supina presentar una policía como totalmente corrupta o comprada por un narcotráfico generalizado ya que éste, repito, no existe en Cuba. Tampoco cuelan los intentos por hacernos creer que la gente huye de la policía cuando la ve, algo absolutamente falso, excepto entre el lumpen y los desclasados.

Pero lo peor es el desprecio por la gesta solidaria que fue la participación cubana en la guerra de Angola, contienda de la que ese cine reniega afirmando que "no era su guerra", comparándola de manera sibilina con la de Vietnam. Esa crítica, por llamarla así, es abyecta. Pues sí. Sí era su guerra. Nuestra guerra. Porque se luchó contra el fascismo. Si algunos se arrepienten de haber estado allí responde a una debilidad ideológica, o a un afán de aventura que procure medrar algo. Muchos, de cualquier otra parte del mundo, habrían ocupado sus lugares sin exigir nada a cambio porque a ello obliga el internacionalismo proletario cuyo deber es combatir contra el imperialismo genocida allá donde se encuentre. Un ejemplo lo tenemos en Europa, en el Donbás.

Cuba no es EE.UU. Washington posee una imagen democrática generada por sus medios y puede permitirse el lujo de realizar películas incómodas sobre sí mismo porque así vende "democracia”, sin que su modelo se vea dañado ante los ojos del espectador alienado; sin embargo Cuba, un país vilipendiado por los medios de "información" que han logrado crear una visión falsa de la isla, no debe enfangarse en filmes con más fantasías que realidades objetivas y con “afirmaciones” rotundas que no dan lugar a ningún debate. Y mucho menos participando conjuntamente en producciones con España, cuyo cine se sustenta en una mafia que se arrodilla constantemente ante la dictadura Borbónica. 

El deseo de agradar al enemigo (¿o amigo para esa gente?) imitándolo y reforzando su discurso mentiroso es muy recurrente entre determinados cineastas, intelectuales y "progresistas" cubanos de medio pelo. Todos ellos convergen en un mismo fin: el uso de falsedades o determinadas realidades pero infladas hasta niveles de chismes callejeros, con la clara intención de presentar al país como una sociedad decadente que vive en el atraso cuando en muchos aspectos está años-luz por delante del “avanzado” mundo occidental. A eso se le llama sembrar vientos “progresistas” para recoger tempestades fascistas. 

J. M. Álvarez