jueves, 18 de diciembre de 2008

Paradojas de la vida: los “pacíficos” exigen más violencia al Estado


A raíz de los acontecimientos de Grecia, y las manifestaciones solidarias de Madrid y Barcelona, se ha agudizado en las filas de la izquierda antifascista el debate sobre la legitimidad del uso de la violencia contra el sistema. Por otro lado, el régimen español, temeroso ante las consecuencias sociales que acarreará la crisis capitalista, no se hace planteamientos éticos y va a lo práctico. Mientras los “violentos” dudan en usar el silbato o la barricada, los “pacíficos” torturan, y dan palos a diestro y siniestro.

Que sepamos, los grupos antidisturbios van armados y actúan agresivamente contra los manifestantes, incluso en ausencia de altercados. El Ejército, por mandato de la Constitución, impuesta por los franquistas, es el garante de la integridad territorial, y como sabemos a qué se dedican los militares, llegamos a la conclusión de que la violencia es necesaria para mantener un estatus y conseguir determinados fines políticos, pues, no en balde, ha sido la partera de la historia. El problema actual, surge cuando son otros quienes la utilizan para contrarrestar la del Estado burgués. Tanto los antifascistas de Barcelona y de Madrid (algunos de los detenidos presentaban rotura de nariz, pérdida de dientes y moratones por todo el cuerpo), como los griegos- que continúan la lucha pese al relativo apagón informativo- han recurrido a la violencia porque consideran que no hay otra alternativa frente a la intransigencia neoliberal fascista.

Al hilo de la cuestión, reproduzco unos extractos de un editorial de el periódico El País: “Los sucesos vividos en las principales ciudades griegas a raíz de la muerte de un joven a manos de la policía demandan explicación, pero en ningún caso justificación (…). Cabe insistir en que la preocupación por la seguridad generalizada a raíz de los atentados terroristas de los últimos años debe conducir, no a una relajación, sino a un reforzamiento de las garantías con las que deben actuar los agentes policiales (…). Los errores policiales no pueden ser una coartada para desacreditar la imprescindible y responsable labor de las fuerzas de seguridad en los Estados democráticos (…). Las dificultades sociales que sin duda se avecinan no pueden sorprender a los Gobiernos ni a los cuerpos y fuerzas de seguridad”. Por su parte, otros analistas del régimen dicen que, como progresistas, (sic) se sienten atacados por los manifestantes griegos. Paradojas de la vida: los “pacíficos” exigiendo más violencia para evitar el derrumbe capitalista.

Leyendo ese editorial, no puedo compartir el comunicado que los estudiantes del movimiento contra el Plan Bolonia hicieron público hace unos días, donde apelaban a la profesionalidad de los medios que les atribuyeron acciones “que no le eran propias” (entiendo que en alusión a los sucesos acaecidos en las manifestaciones de Madrid y Barcelona). Evidentemente están en su derecho de comunicar lo que quieran, pero esos profesionales a los que apelan, no ocultan que van a justificar el recrudecimiento de la violencia estatal. Sería una lástima que los estudiantes españoles (sus colegas griegos ya tienen experiencia, de ahí su reacción) se dieran cuenta de la naturaleza de aquellos con los que pretenden negociar, sólo cuando sean echados a patadas de las facultades y las asambleas que han organizado. Algunos de los más díscolos ya han sido expulsados de la Universidad de Barcelona- de momento por iniciativa del Consejo de Gobierno- y pese a ello, los mansos insisten en favorecer el “debate y el diálogo".

3 comentarios:

salvador dijo...

Estimado JM Álvarez,
aunque no le conozco a usted, llego a su página por el artículo de lahaine.
Sólo quería hacer una pequeña observación. Aunque ya licenciado, asisto todavía a asambleas, debates, iniciativas y demás en mi facultad, filosofía y letras de la UCM, en Madrid. Quien conozca un poco a las personas que frecuentan su asamblea no tardarían en comprobar la extremada moderación en cuanto a sus ideas (estatismo socialdemócrata puro y duro), y sus formas. Pero resultó triste y clarificador comprobarlo en la asamblea de la "ocupación" del rectorado de dicha universidad. En el hall, había una pancarta exigiendo la liberación de los siete detenidos el día 10. Hace unos días, por la mañana algunos asamblearios quitaron la pancarta entre los aplausos de otros tantos que les jaleaban. Por la noche, en la asamblea, muchas personas denunciamos lo ruin del hecho, y exigíamos que dieran la cara (no para agredirles claro, sino para iniciar un debate). Nadie dio la cara. Esa gente está más preocupada por quedar bien ante Público o El País que por radicalizar sus acciones, no porque ello deba ser así "per se", sino debido a que las posibles vías del sistema universitario se han demostrado más que inútiles.
Perdón por la extensión que al final me enrollé.
Saludos.
S.C.M.

JM Álvarez dijo...

S.M.C.

No es ningún rollo, sino una magnifica información la que nos ha facilitado.Por ello, le doy las gracias

JM

Librealfin dijo...

Sr JM Alvarez

Hace unos minutos lei una historia en la que, segun usted, un grupo de cubanos de la isla esta apoyando las acciones sionistas. Inmediatamente localice los nombrados y cual fue mi sorpresa al escuchar que ellos ni siquiera se habian pronunciado sobre el tema. La persona con la que hable de ese grupo me dijo que muy al contrario de las declaraciones de que se le acusan, ellos consideran lo que Israel ha hecho como un genocidio que tiene que parar inmediatamente. Espero que esto no sea mas que un malentendido. Yo admiro sus comentarios.
Para variar qusiera mostrarle un articulo publicado por nuestro apostol Jose Marti en el diairo Las Americas de New York en 1894.

«Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingue, lo iría perdiendo el pueblo que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanza y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes.

Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algun derecho o beneficio.

El hombre que quiere ahora que el estado cuide de el para no tener que cuidar el de si, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que pudiese el estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facilidades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellas.

De ser siervo de si mismo, pasaría el hombre a ser siervo del estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre el, y en ese sistema socialista dominaria la comunidad del hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo.

Y como los funcionarios son seres humanos y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyadas por todos los que aprovechan o esperaron aprovechar de los abusos, y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos, el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo comun llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana...El funcionario autocrático, abusará de la plebe, cansada y trabajadora. Lamentablemente será, y generará la servidumbre».