viernes, 16 de enero de 2009

Israel ejecuta, diariamente, decenas de rehenes



Los dirigentes de Hamás dicen que las tropas israelíes no están desarrollando una guerra, sino una carnicería contra todo un pueblo y acusan al Gobierno sionista de haber convertido Gaza en la mayor cárcel del mundo. Tienen toda la razón.

Después de más de 20 días de matanzas, Israel no ha alcanzado aún ni uno solo de sus objetivos, los combatientes palestinos siguen resistiendo y ponen condiciones a una tregua o acuerdo de paz, condiciones que pondría cualquier Estado agredido: retirada de los invasores, levantamiento del bloqueo, reparaciones económicas y el reconocimiento de Hamás como legítimo representante del pueblo palestino, pues ese fue el resultado de las elecciones de 2006.

El plan sionista era fácil (a priori): Hamás sería derrotada en pocas horas, y- según algunas fuentes- unos 400 milicianos de Al Fatah (los más fieles al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas) estarían preparados para entrar en Gaza a imponer la “ley y el orden” de su presidente. El compadreo de este sujeto con Israel no es ningún secreto. Incluso varios dirigentes de Al Fatah están disconformes con la posición que ha adoptado en el conflicto, y denuncian, en privado, que Mahmoud Abbas tiene firmado un pacto con Tel Aviv para controlar Gaza, algo que, dada su tibia actitud y sus inculpaciones contra Hamás, resulta mas que posible.

Pero el “invencible ejército israelí” es incapaz de combatir contra grupos de guerrilleros que disparan y desaparecen. Por esa razón el Gobierno de Ehud Olmert, está utilizando a los habitantes de Gaza como auténticos rehenes para presionar a Hamás, e imponer su dictado en la zona, de ahí sus brutales ataques de las últimas horas. Esta ejecución sistemática de rehenes- presos en una inmensa cárcel construida con la complicidad del egipcio Mubarak y el traidor Abbas- tiene dividido al Gabinete israelí. Unos defienden seguir tirando al blanco (civiles indefensos) de manera cobarde, y otros desean acabar con la guerra, de la mejor manera posible. El tiempo corre en contra de Israel.

Las “democracias” occidentales, que son las que pueden parar esta barbarie, se limitan a hacer declaraciones intrascendentes. No es nada nueva esa postura, pues siempre matizan, silencian o justifican los genocidios que son útiles a su causa. Sea cual sea el resultado final de la guerra, los imperialistas- desesperados ante la agonía del capitalismo- nos envían un mensaje claro: La única opción que tienen los pueblos para enfrentarlos, es la lucha armada.

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