jueves, 29 de enero de 2009

¿Quién no haría lo mismo?


La Fiscalía han solicitado 4 años de cárcel para los trabajadores de Iberia que en 2006, se manifestaron en las pistas del aeropuerto barcelonés de El Prat. Los 27 trabajadores afectados han sido acusados de un delito contra el tráfico aéreo, desobediencia grave y resistencia a la autoridad. Se piden tres años de cárcel para 25 de ellos, y cuatro años para los dos restantes al ser considerados éstos los cabecillas de la movilización. Hoy, como siempre- normal en la democracia de los millonarios- quien destaque como luchador anticapitalista, sabe a lo que se expone, no obstante exponerse es necesario, pues está en juego la propia supervivencia.

No se entiende dónde estaba el riesgo para los aviones, que alega el fiscal, pues con los obreros ocupando las pistas era imposible que pudieran aterrizar o despegar Además, ¿no existen aeropuertos alternativos, incluyendo los militares, (sobretodo ahora que el Ejército español es un ángel de la paz humanitaria), cuando se dan circunstancias desfavorables en el lugar de destino? Muchas personas, que se sintieron afectadas por aquel suceso, deberían pensar que mañana les va a tocar a ellos y- en definitiva, reos por pedir pan- serán puestos delante de un juez que los acusará de alterar el orden burgués. Curioso: Los pilotos, con su corporativismo egoísta, han creado problemas durante más de un mes y a ninguno le ocurrió nada, pero el personal de tierra generó un conflicto grave un día, y he aquí las consecuencias.

Ya advertimos, hace tiempo, sobre la más que probable agudización de la represión por parte del sistema en tiempos de vacas flacas, cuando desde el Gobierno aún se negaba (por cuestiones de mercadeo de votos), la existencia de la crisis. Los trabajadores tienen poco que perder, viejos y jóvenes empiezan a comprender que el tiempo del capitalismo se acaba. Y como se acaba, el régimen quiere una condena ejemplar, para ocultar su temor con una supuesta fortaleza que no es tal, ya que la opresión policial o judicial, es un síntoma de debilidad.

Esas personas, llevaban años luchando para que sus condiciones de trabajo no se deteriorasen más, y ahora pretenden darles un escarmiento. Lamentablemente esta exhibición represora demuestra que la única salida posible es la pelea. Pero la lucha no sólo consiste en salir a la calle portando banderitas rojas de UGT y CCOO, o aporreando un tambor, luchar es algo más, luchar es arriesgar. Ellos arriesgaron. Y lo hicieron por sus derechos, por el futuro de sus hijos, para no ser excluidos de la sociedad y para que nadie les arrebatase su dignidad. Si la alternativa actual es la miseria o la cárcel: ¿quién no haría lo mismo?

Imagen: La Comuna de París

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