sábado, 25 de julio de 2009

Barack Obama, de rodillas ante el poder fáctico blanco


Hace unos días Henry Louis Gates, profesor negro de la Universidad de Harvard, fue detenido cuando intentaba entrar en su propio domicilio, al creer la policía que estaba procurando colarse en casa ajena con la intención de robar. Molesto, Gates solicitó la identificación de los agentes para denunciarlos por trato racista, pero lo único que logró fue que lo esposaran y le aplicaran un trato vejatorio.

Al conocer el incidente, el presidente Obama lo definió como “estúpido” y dijo, con acierto, que la raza sigue siendo un factor determinante en la sociedad estadounidense. No obstante, también dijo que la escandalosa detención pudo deberse a una excesiva respuesta del detenido, es decir, ya matizaba (por si las moscas) que podría haber existido una reacción violenta de Gates, sin pararse a pensar en la indignación que debe sentir cualquier ciudadano detenido bajo la sospecha de intentar entrar a robar... en su propia casa. Aún así, el vejado profesor agradeció el apoyo de Obama.

Posteriormente un tal David Holway, presidente de la Hermandad Internacional de Oficiales de Policía, envió una carta al presidente recriminándole su actitud, y acusándolo de cuestionar el comportamiento no sólo de la policía de Cambridge, (lugar donde se produjo el suceso), sino la de todo el país. Con la iglesia hemos topado, debió pensar el presidente, porque le ha faltado tiempo para retractarse de decir una gran verdad y, de paso, realizar una maravillosa y servil genuflexión, ante la Corporación policial.

La división de poderes es una entelequia propagandística de las “democracias” occidentales, pues todos están al servicio de los poderes fácticos que son los que determinan cómo defender, exclusivamente, los intereses de los grandes grupos económicos. Si consideramos que la policía, el Ejército o la Santa Madre Iglesia, participan en las funciones de esa supuesta división de poderes llegamos a la conclusión de que tienen implicaciones ideológicas y políticas; por tanto Barack Obama, desdiciéndose de manera bochornosa, se ubica en el lugar que le corresponde: de rodillas ante el poder fáctico blanco. ¿Qué pensará ahora Henry Louis Gates de su presidente?

Post Scriptum para el compañero Pablo Milanés:

Querido Pablo: Espero que tú, que alabaste fervorosamente la presencia de un negro en la presidencia de los Estados Unidos, hayas caído ya en la cuenta de que ostentar un cargo de relevancia al servicio real del pueblo no es cuestión de raza ni de género, sino de clase. Pablito, ahí tienes a tu negrito

1 comentario:

Jose Luis Forneo dijo...

Ciertamente bochornoso. Como tu le dices a Pablo Milanes, se trata de una cuestion de clase y no de raza.

Me parece grave la debilidad que esta demostrando Obama como presidente, primero denuncia el golpe para despues,cuando le dan el toque, decir que es un conflicto que hay que negociar, ahora dice una gran verdad, como has senalado tu, y le dan el toque para que retire lo dicho (y lo hace solicito)...

Como se ve, el presidente de los EEUU no es el tonto de turno que ponen en la Casa Blanca sino los pderes que hay detras y mueven los hilos, y dan una patadita ahi mismo cuando les interesa