miércoles, 29 de julio de 2009

Mientras millones de familias viven en precario, Esperanza Aguirre y el ministro Rubalcaba se lo pasan en grande


Esta es, al día de hoy, la realidad del Estado español:

La economía española está recesión, en los seis primeros meses del año el déficit presupuestario (gastos superiores a ingresos o créditos, endeudamiento) fue del 3,64% del Producto Interior Bruto (cálculo de toda la actividad económica de un país), que, dicho en román paladino, significa 38.600 millones de euros.

Ya en 2008, la deuda del Estado fue del 3,82%, y para el actual está previsto un déficit cercano al 10%. La agravación del déficit se debe a "la caída de la recaudación fruto de la coyuntura económica", o sea: especulaciones, latrocinios, pelotazos, corruptelas y todos los elementos inherentes al capitalismo.

La crisis capitalista que vino para quedarse (porque no hay donde exportarla, como sucedía en décadas pasadas), se ha cebado en el desempleo, que pasó en dos años de menos del 8%, al 18% que- dicho, otra vez, en román paladino- significa que existen más de 4 millones de personas desempleadas… y creciendo. Desde mitad del año 2008 hasta hoy, han quebrado 100.000 empresas, casi todas pequeñas y medianas que, pese a su despreciable despotismo explotador, son las que generan más empleo.

Y mientras ocurre todo eso, la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre, intenta cantar (en desagravio a un ciclista) una composición musical prusiana carente de letra que denominan “himno nacional español” y, horas más tarde, hace lo propio entonando un “cumpleaños feliz”, dedicado al ministro Adolfo Pérez Rubalcaba, entre risas, miraditas de complicidad, sonrisa arrebolada del señor ministro y posterior tarta "selva negra" de chocolate, especial para la ocasión.

Vergüenza ajena es lo único que provocan estos personajes y sus espectáculos esperpénticos, mientras dan la espalda a la situación que viven- en muchos casos dramáticas- millones de familias. ¡Qué bien se lo pasan los politiqueros del régimen! ¡Cómo ríen sus Señorías! Pero no olvidemos que, quien ríe el último, reirá mejor.

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