miércoles, 13 de enero de 2010

José Blanco, o la vergüenza de un desvergonzado


El ministro español de Fomento, José Blanco, ha cargado las tintas contra los controladores aéreos culpándoles, en gran parte, del déficit acumulado por Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), de esa manera intenta eludir la responsabilidad gubernamental en la administración de los aeropuertos y presenta como necesaria la entrada en AENA de empresas privadas que provocarán más despidos, trabajo precario, explotación laboral y una gestión enfocada a obtener los máximos beneficios con una mínima inversión.

“Es una vergüenza que tengamos 713 controladores que cobran entre 340.000 euros y 540.000 euros”, dijo Blanco, y apostilló que el Gobierno “no puede pagar a precio de oro las horas extra”. Lo que no explica a la sociedad es quién fijó esos salarios desproporcionados, que coexisten con millones de “mileuristas”, ni que la razón por la cual los controladores hacen horas extras, se debe a que la plantilla es corta. Y pese a tantas horas extras, obligadas en todos los gremios, no siente vergüenza porque en el Estado español cuatro millones de obreros estén sin empleo.

En cuanto a sueldos que escandalizan, no mencionó, por si acaso, que diputados y senadores tienen unos salarios (actualmente congelados de manera demagógica) que oscilan entre 4.000 y 5.000 euros al mes… por no hacer nada, y que el presupuesto asignado a la Casa Real, es de 9 millones de euros sin que nadie sepa, a estas alturas, cuál es la renta del Borbón, su patrimonio ni a qué se dedica; al menos los controladores trabajan.

Tampoco le provoca vergüenza que la Audiencia Nacional- tan rápida en aplicar el principio “todos terroristas” contra los disidentes-, desestime la denuncia presentada contra Air Comet por un delito de estafa al seguir vendiendo billetes, pese a tener embargada la flota de aviones, lo que provocó la quiebra de la empresa, miles de viajeros en tierra y sus trabajadores sin saber qué hacer. El responsable del delito, Gerardo Díaz Ferrán perteneciente ¡cómo no! a la burguesía, actual presidente de la Patronal, sigue paseándose tranquilamente por la calle.

El ministro de Fomento, lo único que fomenta con sus declaraciones es el uso de la desvergüenza como arma del charlatán que simula indignación. La dignidad es una cualidad inexistente entre quienes defienden, a capa y espada, un régimen neo-franquista, salpicado por corrupciones y denuncias internacionales de torturas.