sábado, 6 de marzo de 2010

No es necesario descalificar a los magistrados españoles, se desacreditan ellos mismos

Gabriela Bravo, portavoz del Consejo General del Poder Judicial, dice (sobre el caso Venezuela-ETA-FARC), que respeta las críticas pero no comparte los descalificativos efectuados por Hugo Chávez, y pide respeto para los magistrados españoles. Todo porque el mandatario venezolano ha manifestado (eso dicen) que el juez Verdasco forma parte del "juego de la extrema derecha europea". Opinar que un señor simpatice con la extrema derecha no lo considero un insulto, simplemente es ubicarlo en su espacio ideológico.

No resultaría sorprendente que la Judicatura española, fuera descalificada a diario si consideramos las pantomimas que se representan en su seno. Recordemos la conducta de la jueza Ángela Murillo, presidenta del Tribunal que enjuició al preso vasco, Arnaldo Otegi. Evoquemos su respuesta “por mí como si bebe vino”, cuando le solicitaron permiso para que Otegi bebiera un vaso de agua, o el disparate de preguntarle (por cierto, se le trabucó la lengua al hacerlo) si condenaba la violencia de ETA. Los reos se presentan ante un Tribunal no para condenar, sino para ser condenados o absueltos, señora presidenta.

Conducta similar es sello de identidad del juez Gómez Bermúdez. Sus bravatas cuarteleras, dirigidas hacia los encausados por el atentado del 11-M, fueron portada en los medios. Para colmo, la publicación de un libro- que narraba ciertas interioridades del juicio- por su esposa, Elisa Beni (en esa época directora de comunicación del Tribunal Superior de Justicia), donde comparaba el trabajo de su marido con Santo Tomás de Aquino, levantó ronchas entre víctimas y colegas de Bermúdez, que insinuaron que éste había proporcionado datos privados del proceso a su mujer. Algo habría. Elisa Beni fue despedida del Tribunal Superior de Justicia.

¿Y qué decir de las tribulaciones del juez Baltasar Garzón, un día héroe y otro villano? La mayoría de sus resoluciones son anuladas por otras instancias, y ahora tiene presentadas tres querellas contra él en el Tribunal Supremo. Garzón clama que todo se trata de una maniobra del Partido Popular, por haber investigado casos de corrupción de ese partido. Así lo dice en las alegaciones que ha presentado ante el Consejo General del Poder Judicial, al que implora que lo dejen en su puesto y (ya metido hasta el cuello en el circo), recusa a tres compañeros que actuarían como vocales, porque no se pueden ver ni en pintura.

Visto lo anterior, hubiera sido mejor que Gabriela Blanco se quedara callada, porque entre actitudes chulescas, lenguas trabadas, “oportunismos literarios” y puñaladas por la espalda, la Judicatura española es, a todas luces, impresentable. No hace falta que nadie la desacredite o descalifique. De eso ya se encargan los propios magistrados.

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