lunes, 3 de mayo de 2010

Bolivia: Golpe a la economía neoliberal capitalista

La empresa estatal de Bolivia, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos ha anunciado que, tras la nacionalización de los hidrocarburos, Bolivia ha obtenido unos ingresos superiores a los siete mil millones de dólares en sólo cuatro años. El ministro del ramo Luis Fernando Vincenti, resaltó que hasta entonces las multinacionales "disponían de nuestros recursos naturales de manera discrecional, en beneficio de pocos y en perjuicio de la gran mayoría de los bolivianos"(sic)

Las cifras cantan. Los beneficios que antes iban a parar a las manos golosas de ladrones europeos y estadounidenses, ahora se quedan en Bolivia. Esas son las razones de las campañas de descrédito que los medios occidentales desatan contra ese país, Cuba, Ecuador, Venezuela y, en general, contra todos los que aspiren a un desarrollo independiente sin tutelas, "con socios pero no patronos" como dijera una vez Evo Morales.

La rabia imperialista, prepotente y con grandes dosis racistas, no tiene límites. Ya han surgido voces diciendo que para Bolivia ha sido fácil obtener esos beneficios, porque se ha “aprovechado” de las infraestructuras creadas por las multinacionales, pero que en pocos años será otro cantar, pues aquellas estarán obsoletas, ya que Bolivia, al ser un país poco fiable, se quedará sin inversiones externas. Falso.

Bolivia no está sola. Existe el Banco del ALBA que empieza a dar sus primeros pasos y surgen (también dentro del ALBA) las empresas “grannacionales conjuntas”, definidas por el presidente boliviano como instrumentos de liberación financiera que sustituyen a las multinacionales occidentales. No obstante vivimos en un mundo convulso; por tanto quienes iniciaron revoluciones democráticas en América Latina, tienen el deber de defenderlas arrebatando todo el poder a la vieja burguesía.

Por su parte, el capitalismo sigue con su discurso de que la inversión extranjera (en el contexto de la economía neoliberal que ha demostrado su fracaso en todo el mundo), es la panacea. Que nos explique entonces para qué sirvieron las privatizaciones, e inversiones sin condiciones, en Grecia y en otros países. ¿Quizás evitaron la bancarrota griega y que varios Estados más, estén en quiebra técnica?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y vuelve JM con su "objetividad urgente"

Mi pregunta sencilla: Mencioneme usted us solo pais donde haya sido nacionalizado su servicio electrico cuyos ciudadanos reciban un servicio eficiente y continuo de energia?

Esas son medidas populistas, no es acaso mejor obtener beneficos taxables para el gobierno y mantener una empresa eficiente y actualizada tecnologicamente?

Mirese en el espejo de las petroleras venezolanas, la CANTV, el sistema electrico nacional de Venezuela, en fin que usted escribe lo que le mandan y no lo que se razona.

Anónimo dijo...

El panorama es siempre igual en la terminal de ómnibus de Guanajay. Sólo lo altera la presencia de agentes de la policía, inspectores estatales y algún que otro chivato local, conocidos todos por los habitantes del pueblo.

Los dulces llamados montecristos, a tres pesos; los cucuruchos de rositas de maíz y caramelos, a uno; las panetelas borrachas y las barritas de maní, a dos; todos de confección casera y vendidos por ancianos de más de setenta años.

Estos ancianos, canosos y arrugados, anuncian sigilosos su mercancía mientras vigilan que no haya policías, chivatos, ni inspectores por los alrededores. Tan tensos andan que muchas veces no se percatan cuando los potenciales compradores de sus productos.

Una mulata delgada, que aparentaba ochenta años, me dijo, mientras entregaba a un cliente un paquete de rositas de maíz: “Aquí, muchacho, luchando por la vida. Dejé a mi marido durmiendo porque hace guardias por las noches. Los retiros no alcanzan pa’ na’ ”.

Extraño cada semana que paso por esta terminal, con destino a La Habana, a los dos jóvenes que vendían pan con jamón y refrescos. Parece que su negocio iba tan bien que los agentes del régimen –que no tolera la competencia- decidieron sacarlos del mercado.

Miro a mi alrededor, sentado en el banco de cemento donde espero algún camión o camioneta particular, que me lleve a la capital. No llega nada. Las camionetas de transporte, los vendedores ambulantes de comida, los bicitaxistas aparcados junto a la policlínica, todos son particulares. ¿Dónde se mete el Estado?

Jubilados mal nutridos que viven, no de sus pensiones, sino de la bolsa negra. Gente que viaja en vehículos diseñados para cargar animales y cosas. Hombres pedaleando incesantemente para llevar algo de comida a la mesa. Todos perseguidos y extorsionados, sólo por tratar de sobrevivir, mientras nos brindan servicios que el Estado es incapaz de proveernos.

¿Es esto el socialismo? ¡Pues, que se vaya el socialismo al carajo!