viernes, 21 de mayo de 2010

Pocos confían en la España de pandereta

La deuda española no la quiere nadie. Primero ofrecieron un interés poco relevante (porque no hay un euro en caja) y, lógicamente, nadie se arriesgaba a comprar deuda-basura. Ahora los próceres de la Patria se han lanzado al abismo, duplicando los intereses y ni aún así se fían de esta España que, según decían, formaba parte de la Champion League de la economía pero que , en realidad, no supera la Tercera División. ¿Quién confiaría en un país de pandereta, pleno de corruptos, ladrones y sinvergüenzas? La cultura del pelotazo, criatura parida en los Gobiernos de Felipe González (así como el terrorismo de Estado), trajeron estas consecuencias.

Fuente: ElPeriódico.com

El martes, el Tesoro español no pudo vender todos los títulos de deuda pública que ese día sacó al mercado. Y eso que ofrecía el doble de interés que hace solo unas semanas. Es una noticia tremenda. Porque, aparte de que no augura nada bueno, también indica algo más profundo y que va más allá de la economía: que la imagen de España en el mundo ha empeorado de forma alarmante y a una velocidad de vértigo.

Los primeros indicios llegaron hace un par de años, cuando periódicos británicos y norteamericanos de gran difusión empezaron a advertir a sus lectores de que tenían que pensárselo dos veces antes de comprar casas en nuestro país, porque las irregularidades urbanísticas y el riesgo de que las inmobiliarias quebraran amenazaban sus inversiones. Más tarde, al mismo ritmo vertiginoso en que fueron creciendo los datos de paro, se vino abajo el eslogan del milagro económico español que analistas extranjeros de todos los colores habían venido utilizando como un dato incontrovertible desde hace una década.

Luego vinieron la crisis griega y las preguntas sobre si España podía seguir ese mismo camino. Nadie autorizado ha dicho hasta ahora que no. Unos cuantos, en cambio, han vaticinado escenarios muy feos para nuestro país.

Y por si no tuviéramos bastante con la economía, ha llegado el asunto de Garzón. El New York Times, el Financial Times, el Washington Post y cabeceras europeas de gran prestigio han tratado a nuestra justicia con una dureza inaudita y se han preguntado qué clase de democracia es la nuestra. El lunes, Le Monde escribía que sigue habiendo dos Españas, casi viniendo a decir que se ha desvanecido un espejismo: el de que éramos un país moderno.

No son buenas noticias para el Gobierno. Pero el golpe es para todos. A trancas y barrancas, Zapatero está actuando. Lo incomprensible es la actitud de Rajoy y el PP. Oponerse a unas medidas que apoyan todos los gobiernos europeos podría indicar que la derecha española ha vuelto a la misma posición que el franquismo tenía hacia el resto del mundo: la de que España es diferente o la de que ladran, luego cabalgamos. Y así quieren gobernar

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