viernes, 2 de julio de 2010

Estados Unidos no controla a sus ciudadanos, eso es una calumnia enemiga

La empresa estadounidense Sprint Nextel ha proporcionado a los organismos policiales tanto el paradero como los datos de un número indeterminado de clientes. Sprint, incluso ha creado una página web para que la policía, la CIA o el FBI, accedan a esos registros desde la comodidad de sus despachos. Ese control se ha estado realizando desde de la década de los 90 del siglo pasado, es decir, mucho antes del ataque del 11-S que sirve para justificarlo todo.

Cada siete segundos, un teléfono móvil escanea en busca de la torre más cercana. Un chip GPS del teléfono, revela la ubicación de una persona en un radio de pocos metros. Casi todos los estadounidenses llevan un teléfono móvil, ignorando que esos dispositivos recogen y almacenan sus datos personales y su localización.

Pero como siempre hay algún avispado, han surgido voces exigiendo que las autoridades, antes de acceder a los registros (gentilmente cedidos por las empresas de telefonía móvil) deben tener una orden judicial. La actual ley sobre privacidad es tan confusa que está siendo aprovechada, desde hace años, para vigilar a las personas sin que éstas sospechen nada. Si eso no es una dictadura, que venga Dios y lo vea.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y los yankis no son los únicos, desde luego. En Euskal Herria hace tiempo que las reuniones de cualquier estructura de la izquierda abertzale se hacen sin móviles, dejándolos cada uno en su casa. Incluso diarios como el GARA tenían sus lineas intervenidas y espiadas. Y evidentemente no solo se hace con los revolucionarios vascos, sino más bien, seguramente, con los revolucionarios a secas, sean de donde sean. Mucha gente no conoce esta realidad o no se la cree o no se la quiere creer, pero es necesario que se sepa y que se tenga en cuenta, pues no es un asunto baladí, precisamente, no.

JM Álvarez dijo...

En Euskal Herria no se escapa ni el gato.

Es la zona más confilcitiva, por su alto grado de concienciación política, que existe en la gigantesca cárcel llamada Estado español.