domingo, 21 de octubre de 2012

Cómo nos duele Libia...

Y cuanto más nos duele, más indignación sentimos hacia determinados medios e intelectuales "alternativos" pequeñoburgueses, que se posicionaron desde el principio con los imperialistas mientras aquí, y en otros lugares, aparcamos las diferencias que pudiéramos tener con Gadafi (para nada insalvables) para denunciar el carácter de guerra colonial del conflicto, y eso que "sólo" somos obreros... Leonor Massanet informa que ha llegado a Libia un avión con bolsas de sangre, exclusivas para los heridos de las bandas mercenarias, mientras el pueblo libio no tiene acceso a recursos sanitarios.
 
Leonor añade:

Manifestación pacífica frente al Rixos Hotel en Trípoli, como protesta por el asedio e inhumana agresión a la ciudad LIBIA de Beni Walit. Las bandas armadas dirigidas por este gobierno de doble nacionalidad han arremetido contra los manifestantes con gases lacrimógenos y disparos por lo que han resultado heridas varias personas de diversa consideración.

Se han producido también manifestaciones en muchos otros puntos de Libia en contra de esta terrible e ilegal agresión a los LIBIOS de Beni Walit, en la ciudad de Benghazi, en la ciudad de Tubruk y algunos puntos más.

Todas las tribus del oeste y el sur de LIBIA se están comunicando para buscar las formas de apoyar a los LIBIOS de Beni Walit que se encuentran bajo este terrorista asedio y ataque de las bandas criminales internacionales.

En estos momentos Beni WAlit está siendo bombardeada con misiles y les están lanzando gases tóxicos desde tres flancos distintos.

En la cárcel de Ayin Zara, los presos han provocado un incendio como protesta por la agresión a Beni Walit. Al instante grupos de Alqaeda que controlan la ciudad de Trípoli desde que la OTAN dió el golpe de estado y ocupó la ciudad, han amenazado a los presos que si se mueven los matarán a todos.

1 comentario:

Anónimo dijo...


Es la venganza norteamericana por la muerte del embajador, asesinaran a miles de libios como forma de escarmentarlo y convencerlos de la superioridad.

Eso recuerda a los tiempos de la Santa Inquisision, que mataron millones de personas durante siglos, para establecer el dogma cristiano en la tierra.

Y de paso le robaban todo lo que tenían.