sábado, 30 de noviembre de 2013

De nuevo James Petras sobre Libia

Libia no existe como país después de que los países de la OTAN la atacaran, destruyeran el gobierno y asesinaran a su Presidente. Luego, ellos abandonaron el país, pensando que la imposición de un gobierno en el exilio sería suficiente para gobernar el país. Pero en realidad, la oposición a Muammar Gaddafi son una colección de las peores fuerzas imaginables: hay islámicos terroristas, hay monárquicos, hay bandidos y dirigentes tribales.

No hay gobierno, no hay funcionamiento económico, la producción ha bajado de más de un millón de barriles de petróleo diarios a menos de cien mil, incluso no hay gasolina para los automóviles en Libia, mucho menos para exportar. Lo mismo en cuanto a seguridad, en cualquier ciudad de Libia cualquiera que tenga un fusil entra a cualquier tienda y toma lo que quiera. La economía productiva, la economía comercial ya no existe, los restaurantes no existen, hay cientos de miles de personas tratando de salir del país, las cárceles están llenas, se multiplican los muertos.

Todo esto es producto de la invasión occidental que destruyó un gobierno estable y una sociedad muy rica, con todos los beneficios del bienestar social, incluso los matrimonios el día de la boda recibían un departamento de 50.000 dólares como regalo; pero ahora no hay ni bodas ni casas ni ninguna organización.

Hoy Libia está en una situación de todos contra todos. Y esto es producto de lo que algunos seudo izquierdistas llaman “una revolución”. Es un chiste de mal gusto. Es terrible. Las fuerzas más evidentes están en Bengasi u otros lugares donde apoyaban la restauración de la monarquía 40 años atrás. Es un ejemplo de los grandes problemas que genera el imperialismo.

Cuando decimos socialismo o barbarie, tiene todo el sentido imaginable en el caso de Libia. Hay una barbarie hoy allá, se ha destruido una civilización por la intervención de las mal llamadas democracias occidentales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es el proyecto gringo de destruir el mundo para mantener la ventaja tecnológica sobre la base de la superioridad racial como privilegio.

Ya eso se anunciaba de los 50 del siglo pasado por un tal Kennan una estrella geopolitica de entonces.