miércoles, 24 de septiembre de 2014

Carta de lector

Amigo, gracias por sacar en el blog "QUE NADIE LEE" (aquí en Galicia ya estamos unos cuantos enganchados), la entrevista al padre de Antón Santos. Están muy agradecidos, pues así no sólo queda en el ámbito nuestro y se da a conocer también en el resto del Estado.

Te podrás imaginar cómo están pero afortunadamente ahí siguen con tanta dignidad como el hijo. Todos los meses cuando vienen de allá, su padre nos manda unas crónicas de la visita que ponen los pelos de punta... siempre parece que ya agotó el tema y siempre hay nuevas situaciones que comentar...

Aprovecho que tengo traducido (por deferencia a muchos amigos que les cuesta entender el idioma) un diálogo entre un funcionario y una nena que iba a ver a su padre. Lo relata en una de esas crónicas el padre de Antón tras haberlo presenciado.

Rutinarios, los controles de visitantes por parte de los empleados del estado que tienen encomendado ese trabajo. Incluso pueden hacer concesiones:

-A ver, ¿esta libreta qué es?

La lleva en la mano una niña que tendrá seis años. Su madre, vestida al uso árabe, explica que son sus notas. Se entiende que de la escuela.

-Está bien. Te dejaré pasar las notas para que las pueda ver tu padre.

Le devuelve el cuaderno a la niña, después de hojearlo con calma, aunque por lo que dice después, no parece que se fijara mucho en su contenido.

-¿Son buenas las notas? 

¿Cómo no van a serlo, pienso yo, con aquella carita de mujer aplicada que tiene la niña? La muchacha ya lleva el cuaderno en la mano, después de pasar por debajo del arco detector que esta vez está bastante menos pitón, está mirándome y se ve que me reconoce de otra visita. Nunca sabrá cuánto le agradezco que me sonría con la limpieza de las sonrisas de las niñas.

Le contesta al funcionario sin mirar para él con un monosílabo:

-Sí.

Pero el ladrón siempre debe de pensar que todos son de su misma condición. El funcionario dice:

-Claro, por eso las traes. Seguro que si fueran malas no las traías.