domingo, 26 de abril de 2015

Luchando y muriendo por la vida

No había desaparecido todavía el humo de los combates en el Arco de Kursk, cuando el 24 de  agosto de 1943 un Grupo de Ejércitos soviéticos comienza a moverse hacia el oeste en un frente de 1.400 kilómetros desde  Smolenks al Mar de Azov, integrados en cinco frente de combate para destruir toda resistencia fascista en el sur del país.

El hecho de que esta grandiosa  operación comenzara al día siguiente de terminar los combates de la batalla de Kurks, indicaba que los soviéticos no estaban improvisando, ellos tenían la capacidad de que, mientras se batían en Kursk, se organizaba la próxima  gran batalla y con eso se destruía el mito de la superioridad militar alemana.

De lo que se trataba era cruzar el río Dnieper bajo el mortal fuego alemán, para liberar  a Kiev la capital de Ucrania destruyendo la formación de tropas alemanas del Sur, esta batalla está calificada como una de las más sangrientas de la guerra, confrontaron más de 4 millones de soldados entre ambos bandos y se perdieron mas de 2 millones de vidas.

En esta importante operación hubo un derroche de heroísmo de parte de los soldados soviéticos que sabían luchaban por la vida de su pueblo, después de vivir la ocupación fascista desde 1941. En el cruce del Dnieper por cada soldado caído habían cientos que estaban dispuestos a arriesgar sus vidas en las mortales aguas. 

En este momento de la guerra el  Ejército Rojo estaba preparado  para barrer a los fascistas de su territorio y mientras liquidaban a esta agrupación de los alemanes y sus cómplices en el sur, otra agrupación iniciaba la ofensiva para romper el bloqueo a la ciudad de Leningrado.

El panorama mostraba, las tropas de los alemanes y sus lacayos en retirada o en una actitud defensiva,  incapaces ya de cualquier iniciativa; por el lado soviético ejércitos curtidos por las grandes  batallas durante 1943, con una elevada moral para combatir,  teniendo resueltos los problemas de logística para las largas marchas en las grandes operaciones militares..

Esta situación era muy preocupante para los principales  lideres políticos de Occidente, que por lo inconcebible de la derrota alemana, no tenían mas que un Plan B emergente que era un desembarco en la Europa continental, que a la vez vendiera la idea de su contribución a la liberación. Buscaban situar un buen número de tropas entre  el oeste y el ya incontenible Ejercito Rojo.

Políticos ultrareaccionarios como Winston Churchill, no podían dormir ante la probable eventualidad de una ocupación soviética de toda Europa continental y, por otro lado, los norteamericanos aceleraban la construcción de su bomba atómica.

Antonio González

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