sábado, 30 de mayo de 2015

Las lágrimas de cocodrilo del nazi Arseni

"Cada día de la guerra cuesta a Ucrania de cinco a siete millones de dólares estadounidenses y nadie nos da dinero para los gastos militares", se quejó ayer Arnseni Yatseniuk tras reunirse con el ministro de Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier. Si tanto le cuesta ¿por qué no la termina entonces? Porque hay que ajustarse al guión que dicta la Casa Blanca: violar constantemente los acuerdos de Minks.

Yatseniuk "alabó" que el Gobierno alemán le haya prestado a la Junta golpista 500 millones de euros, una cantidad ridícula y que huele a sorna, para un país que está en bancarrota total y subsiste con el apoyo externo.

Ese apoyo terminará dejando a Ucrania partida en dos o tres pedazos y es el que permite que el presupuesto militar ucraniano en 2015 alcance 2.000 millones de dólares, casi el 3% del PIB, un 70% más que el año anterior.

Con ese mismo apoyo, el dictador Porochenko, que ahora confronta problemas vinculados al poder con Igor Kolomoinski otro que tal baila y que tiene hasta un ejército privado a su servicio, firmó una nueva ley que exige destinar un 5% del PIB a la defensa del país. Mientras tanto las gentes de kiev se manifiestan contra las bajadas de salarios y pensiones así como el encarecimiento galopante de la vida.

Ucrania tiene un destino marcado por el imperialismo. Vemos muy improbable su ingreso la UE pues sería una carga enorme que aquella no puede soportar en estos tiempos de crisis; por tanto parecen haber apostado por convertirla en Estado vasallo, en un Estado "de nada" (similar a Bosnia) con la única intención de darle la forma de un portaaviones de la OTAN anclado cerca de Rusia. 

Y decimos cerca, porque nunca estará en la misma frontera: la mayor parte de ésta pertenece a Luganks y Donestk y está por ver que se la arrebaten.


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