jueves, 25 de junio de 2015

Murió el compañero Periko

(Ibai) Me he molestado en traducir un fragmento (hemos puesto la entrevista completa, nota de blog) de la entrevista que el periódico vasco Berria hizo al hoy fallecido y militante histórico, consecuente e incansable Periko Solabarria. Seguro que podríamos destacar muchísimas más cosas de Periko e incluso de la entrevista, y de otros que se quedaron en el camino (Gorostidi, Idigoras, etc...), pero este fragmento resumen -a mi entender- la figura de Periko, padre y buque insignia de la clase trabajadora: Las botas para ensuciarlas en el barro, no para desfilar por alfombras rojas.

Ha sido concejal, diputado, juntero, parlamentario, cura obrero, sindicalista… “Pero ¡ojo! del título que me siento más orgulloso es el de peón de la construcción porque yo he sido un trabajador toda mi vida”, aclara Periko Solabarria (Portugalete 1930). A sus 81 años no falta cada lunes a la encartelada de presos en Bide Onera, ni a las protestas por los recortes sociales en el Gobierno vasco. “Estamos viviendo cómo crece la pobreza, la exclusión social, el deterioro galopante de la sociedad… y me duele porque tengo vocación de lucha”, dice este batallador infatigable. Inasequible al desaliento, declara que Kukutza le devolvió la juventud. “Llegué, mucho antes de tirar el gaztetxe, con más de setenta años y salí con 23, por el trabajo, la solidaridad, la autogestión, la participación entrañable, la libertad que se respiraba…”.

Combatiente en todas las batallas y elegido diputado en 1979 y 1982, ve con escepticismo que la izquierda abertzale clásica vuelva al Congreso después de 11 años de ausencia. “Yo estuve de parlamentario cuatro años pero solo fui a recoger las actas por mandato de las bases de HB. Nosotros considerábamos que no era el momento de ir porque parecía que consagrábamos esa transición que no había sido democrática”. Una situación que también le tocó vivir en la Diputación de Bizkaia. “Tampoco asistí aunque también recogimos el acta. Txomin Ziluaga, Santi Brouard y yo nos retiramos porque las bases nos lo pidieron”.

La situación se reprodujo en Juntas Generales. “Estuve ocho años de juntero y tampoco acudí, solo asistimos a la toma de posesión. Así, que claro, yo que he vivido estas circunstancias de parlamentario en Madrid, de juntero y de diputado, veo el cambio que se da ahora. A mí me gusta todo lo asambleario y cuando las bases aconsejan que se participe, hay que hacerlo. Si los tiempos y las bases lo piden, pues vamos a acudir, vamos a experimentar si desde las plataformas democráticas se puede conseguir algo. Las cosas van muy mal pero ya veremos… Esto es un avance, pero tampoco vamos a echar las campanas al vuelo”.

Hablar de la participación le anima y se retrotrae a su experiencia de concejal durante doce años. “Nosotros siempre hemos participado en los ayuntamientos. He sido tres legislaturas concejal y en la primera nos faltó muy poco para lograr la Alcaldía. Fue cuando salió Josu Sagastagoitia. Yo estaba entonces en el juicio de Txapela como testigo. Y estando allá fueron las elecciones y no pude ni siquiera votar. Salimos como segunda fuerza, con 300 o 400 votos menos que el PNV”. “Siempre peleando, trabajando y siempre procurando que fuera compatible el trabajo en el Ayuntamiento con el trabajo fuera. Me iba con la cesta de la comida a las reuniones del Ayuntamiento porque así concebía que debía ser el trabajo político de un militante sindicalista. Eso era lo que me pedía el cuerpo y me pedía el pueblo”.

Corría 1979 cuando se enteró que había salido elegido diputado trabajando en las obras del puente de Rontegi. “La víspera yo me dormí sin estar pendiente de nada. No vivía asfixiado ni con ninguna obsesión. Y al día siguiente empezaron a venir los periodistas y tuve que pedir permiso al jefe para dar algunas entrevistas”. “Pero lo único que hicimos Telesforo Monzón, Letamendia Or-tzi y yo fue coger al acta de diputado. Fuimos un día a las 9 de la mañana cuando no había nadie, las cogimos y nos vinimos. Telesforo Monzón nos enseñó el escaño donde él se sentaba siendo diputado por el Partido Nacionalista Vasco en tiempos de la República. Pero nosotros no participamos absolutamente nada. De hecho, yo ni conozco el Congreso. De allí nos fuimos con Sánchez Erauskin y con Jokin Goristidi a la cárcel de Soria, donde estaban nuestros presos y quisimos visitar a un recluso en representación de todos. Quisimos hacer el gesto de entregarles el acta y el carné. Fue un gesto del que me siento orgulloso, aunque el director de la cárcel casi nos tirase el acta al suelo. Gracias a aquello comprobé cómo aquel hombre se reía de la legalidad vigente y que para él un diputado no era nadie. Y entonces fue cuando Telesforo Monzón, con aquella gracia que tenía, dijo: Rebuznan, luego cabalgamos. Nos marchamos orgullosos. Por eso yo creo que fuimos más diputados en la cárcel de Soria que en el Parlamento español”.

“Pero quiero dejar clara una cosa. Yo nunca cobré de parlamentario. No vi un duro. De hecho, teníamos un talonario que nos permitía viajar a cualquier parte y no lo usé. Solo lo utilicé una vez para ir a Barcelona para ayudar a un detenido, un chico que estaba muy mal de la vista. Así que me fui a Barcelona a pedir un informe médico que luego llevé a comisaría. Solo usé aquel talonario para ayudar a un detenido que se encontraba en circunstancias muy delicadas. Porque yo creo que un político debe ser honesto y pobre porque maneja un dinero que es del pueblo”, subraya este vasco que se declara un hombre de alpargatas.

“He trabajado en el túnel de Malmasin, donde está ahora el BEC, en el puente de Rontegi… Allí tenía mis charlas con José Alberto Pradera, ex diputado general de Bizkaia, que estaba de ingeniero jefe en las obras mientras yo estaba de peón. Cuando podía, charlábamos y teníamos tertulias muy interesantes pero claro él se dedicaba a mirar y yo tenía que trabajar”. Por eso, declara que siempre está al lado de los trabajadores. “Normalmente son los que mueren en el tajo, los trabajadores tienen la parte más dura, son los que ganan menos y los que más sufren”, indica con su lado más reivindicativo.