miércoles, 24 de febrero de 2016

La muy sagrada libertad de prensa

En general como cualquier tonto andante, yo creía en la libertad de prensa, por mala suerte así me educaron y no había discurso más grandioso que lo que se relacionaba con la libertad de opinión y de información de la verdad.

Pero para mí todo eso un día cambió, y ese día perdí la fe.

Una semana antes en un periódico semanal hispano de Atlanta del Estado de Georgia, se publicó una tremenda noticia en la que se denunciaba que los directivos de una famosa marca de refrescos estaban pagando a paramilitares colombianos para que asesinaran a líderes sindicales y sus familiares en aquel país.

Una noticia bomba. Se anunciaba incluso que una demanda había sido hecha en una corte de Miami porque las compañías estadounidenses no consideraban competentes a las Cortes de otros países, una forma elegante de decir que las tiraban a mierda.

Incluso se llegaba a ofrecer que en la próxima edición se publicarían los documentos médicos y judiciales que justificaban la demanda que no había prosperado en Colombia porque todo el mundo tenía miedo a los paramilitares, y en ese todo el mundo también se incluía al personal del gubernamental sistema judicial.

Es decir, la noticia era como un pastel calentito y pronto tendríamos en las manos la verdad de todas las verdades y podríamos esperar por lo que era la verdadera justicia, la ejemplar justicia gringa. Había que esperar una semana, tan solo siete días, y lo hicimos con ansiedad.

Ese día muchos fuimos a esperar que llegara el gran periódico y en la espera hasta  formamos una pequeña fila en señal de orden y respeto.

Pero todo se convirtió en una desilusión y una burla: en la última página donde debía estar el ansiado reportaje final, lo que pudimos ver fue una única imagen a toda página de una botella de la famosa marca de refresco y nada más.

Un brutal desencanto. Y nunca más se menciono el famoso asunto criminal.

Nota: se omite el nombre del periódico para evitar alboroto.

Liborio Guaso (recordando al EZLN y la visita del Papa a Chiapas)