lunes, 10 de octubre de 2016

No es su democracia, no eran sus elecciones y además perdió 700 euros

"Las elecciones me costaron un día de mis vacaciones y 700 euros". La junta electoral le advirtió que de no acudir como presidente de mesa  electoral podría ser condenado, por la cara, a entre tres meses y un año de prisión.

Cuando Miguel comenzó a planear sus vacaciones de verano no podía ni sospechar la extraña secuencia de acontecimientos que le reservaba el futuro. Era junio. Hallar días libres en las atosigantes agendas de su trabajo y el de su acompañante fue una ecuación difícil de resolver y que, al despejarla, dio como único resultado posible la semana del 18 al 25 de septiembre. A principios de julio reservaron billetes de avión, hoteles y coche de alquiler y el 29 de ese mes pagaron la factura en la agencia de viajes.

Pasó el mes de agosto trabajando con la vista puesta en ese viaje que tanta ilusión le hacía. Leyendo sobre Palermo, sobre Taormina y Siracusa, y planeando una excusión al volcán Etna «que es casi lo que más ilusión me hacía porque me encantan las aventuras», explica este vecino de Ames. Y llegó el 27 de agosto, el día en el que se puso en marcha el reloj de esta historia. Sonó el telefonillo de la casa que Miguel tiene en una parroquia del municipio. «Había estado estropeado bastante tiempo y lo acababa de cambiar. Fue la primera llamada que recibí en el nuevo aparato y hasta me hizo ilusión ver cómo funcionaba», recuerda.

Cuando preguntó, le dijeron que le traían una notificación e inmediatamente, pensó en que era una multa de tráfico. Habría sido mejor. Más fácil y menos costoso, pero el destino iba por otros derroteros. Unos funcionarios le entregaron un papel y le informaron de que había sido designado por la Junta Electoral de Zona de Santiago como presidente de mesa en las elecciones autonómicas. La noticia le hizo ilusión. «Anda, pues nunca me había tocado», les dijo. Hasta que preguntó: «¿Y esto cuándo es?». «El 25 de septiembre», le informaron. Y la respuesta le hizo ver que la fecha coincidía justo con su regreso de Sicilia. «Pues no va a poder ser, porque yo es que voy a estar de viaje», respondió inocentemente. «Usted firme, que siendo así me imagino que no habrá problema, pero tiene que hacer un escrito y presentarlo», le dijeron. Y, claro está, firmó. Pero sí hubo problema.

Miguel pensó equivocadamente que la razón le asistía y que la ley es siempre justa y equilibrada. No recurrió a la picaresca de cogerse una baja laboral -como es autónomo le habría resultado sencillo- y librarse así del brete. Ni tan siquiera recurrió de inmediato a su abogado. El 31 de agosto presentó un escrito en el Concello de Ames alegando que «por estar de viaje ya reservado y pagado» le iba a resultar «absolutamente imposible acudir a desempeñar el cargo» de presidente de mesa en las elecciones. Adjuntó la factura de los vuelos, los hoteles y el coche de alquiler y se fue convencido de que aquel era el final de la historia. Nada más lejos de la realidad.

El 3 de septiembre recibió respuesta de la junta electoral. Jarro de agua fría. No admitían «la excusa presentada», así calificaban la situación, «porque la causa alegada por el interesado, disfrutar de un viaje programado, no excusa la aceptación del cargo, pues de no ser posible el aplazamiento es factible su modificación (adelantar la vuelta) sin que ello provoque perjuicios económicos de especial consideración», recogía el escrito. Y la misiva terminaba con una advertencia. Si no acudía a presidir la mesa electoral «incurriría en una pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a veinticuatro meses». Pocas bromas.

Fue en ese instante cuando Miguel entendió la gravedad del asunto. Llamó a su abogado y le relató la situación. Faltaban solo quince días para el viaje a Sicilia, por lo que había que actuar rápido. Presentaron un recurso contencioso-administrativo y el 16 de septiembre se celebró la vista en los juzgados de Santiago, en el edificio anexo de Fontiñas.

Miguel presentó ante la sala sus argumentos y los documentos que respaldaban el trastorno que presidir la mesa electoral le iba a ocasionar. «Mi abogado explicó que contratamos los billetes en julio, antes incluso de que las elecciones se convocasen [el 1 de agosto], por lo que la coincidencia era algo absolutamente imprevisto», explica. Incluso aportaron un informe de la agencia de viajes en el que se daba fe de que adelantar un día la vuelta les obligaría a obtener unos billetes de avión nuevos y a perder una noche de hotel ya abonada, así como a perder también un día de alquiler de coche. «Estaba todo pagado y sin posibilidad de reembolso», añade este amiense.

Al tribunal le dio igual. Como tenían que salir hacia Palermo dos días después, la jueza comunicó tan solo horas después su decisión, que no solo destrozaba las vacaciones de Miguel, sino también las de su acompañante. «Además de la rabia que me causa la injusticia y de amargarme mi único descanso de todo el año, a mí las elecciones me costaron un día de mis vacaciones y 700 euros que tuve que pagar a mayores por los nuevos billetes de avión y lo que perdí en hoteles y coche de alquiler ya abonados», se queja Miguel.

lavozdegalicia.es

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Probablemente Miguel haya recibido una lección sobre democracia, pero ¿la habrá aprendido?

Anónimo dijo...

Con el choteo de las democracia ya se deben obligar a la gente a cumplir

En realidad deben gastar millones en que parezca que eso funciona para justificar matar
en nombre de los pueblos.