viernes, 18 de noviembre de 2016

En defensa de Lula

Intelectuales, artistas, religiosos y militantes en general lanzan un manifiesto en defensa de la democracia en Brasil y contra la persecución al ex-presidente Lula.

El estado de derecho democrático, consagrado en la Constitución de 1988, es la más importante conquista histórica de la sociedad brasileña. En democracia, Brasil conoció un período de estabilidad institucional y de avances económicos y sociales, tornándose un país mejor y menos desigual; pero estas grandes conquistas colectivas se encuentran amenazadas por sucesivos ataques a los derechos y garantías, sobre el pretexto de combatir la corrupción. 

La sociedad brasileña exige, sí, que la corrupción sea permanentemente combatida y severamente condenada, respetando los procesos legales, el derecho de defensa y la presunción de inocencia, porque sólo así el combate será eficaz y la condena, pedagógica. Por eso, en la última década, Brasil creó instrumentos de transparencia pública y aprobó leyes más eficientes contra la corrupción, otorgando a los agentes del estado los medios legales y materiales para cumplir su misión constitucional. 

Hoy, sin embargo, lo que vemos es la manipulación arbitraria de la ley y la falta de respeto a las garantías por parte de quien debería defenderlas. Tornarse peligrosamente banales las prisiones por mera sospecha; traslado coercitivo sin fundamento legal; las filtraciones criminales de datos y la exposición de la intimidad de los investigados; el espionaje de las comunicaciones personales, inclusive con los abogados; el cercenamiento de la defensa en procedimientos ocultos; las denuncias y sentencias calcadas en acusaciones negociadas, y no de producción licita de pruebas. 

La perversión del proceso legal no permite distinguir culpado de inocentes, pero es avasalladora para destruir reputaciones y han sido usadas con evidentes objetivos político-electorales. La casería judicial y mediática al ex presidente Lula es la fase más visible de ese proceso de criminalización de la política, que no conoce límites éticos ni legales y opera de forma selectiva, enfocando esencialmente el campo político que Lula representa. 

En los ultimo 40 años, Lula tuvo su vida permanentemente indagada, sin que le apuntasen algún acto ilegal. Presidió por ocho años una de las mayores economías del mundo que creció cuatro veces durante su gobierno, y nada acrecentó su patrimonio personal. Tornó a Brasil un país respetado en todo el mundo; compartió con presidentes poderosos y lideres globales, conoció reyes y reinas, y continuó viviendo en el mismo departamento de clase media en el que vive desde hace 20 años. 

Como cualquier ciudadano, Lula puede y debe ser investigado, desde que haya razones plausibles, no debido proceso legal. Pero no puede ser sometido, junto a su familia, al “vale todo” acusatorio que desde hace dos año viene alardeando dentro y fuera de los procesos. Criminalizan su actividad en palestras internacionales, ignorando que Lula es una personalidad conocida y respetada alrededor del mundo. La liviandad de las denuncias ofende la conciencia jurídica y falta el respeto a la inteligencia del público. 

La casería implacable e injusta ocurre en medio del creciente proceso de cercenamiento de la ciudadanía y de las libertades políticas, que abre camino para que sean revertidos los derechos sociales. Líderes de movimientos sociales son perseguidos y hasta presos, manifestaciones en las calles y ocupaciones de escuelas son reprimidas con violencia, periodistas independientes son condenados por delito de opinión. Al mismo tiempo, el sistema judicial retrocede al pasado, restringiendo los recursos de habeas corpus y relativizando la presunción de inocencia, garantías inalienables en el estado de derecho. 

Ese conjunto de amenazas y retrocesos exige una respuesta firme por parte de todos los demócratas, encima de posiciones partidarias. Cuando un ciudadano es sometido a injusticias – sea él un ex presidente o un pedrero – cada uno de nosotros es víctima de la injusticia, porque somos todos iguales delante de la ley. Hoy, en Brasil, defender el derecho de Lula a la presunción de inocencia, a la amplia defensa y a un juicio imparcial, es defender la democracia y el estado de derecho. Es defender la libertad, los derechos y a la ciudadanía de todos los brasileños.

mundoobrero.es

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lula esta condenado con pruebas falsas o comos sea pero ya ha sido concdenado porque los anglos-judios ya mandan en su pais y como dice el mismo Lula "no quieren vuelva a llegar al poder".

Y tiene suerte no lo maten, se debe recordar la inmensa lista de lideres latinos aseinados por los gringos secretamente hasta que Obama tuviera el descaro de hacer publico que ellos tienen planes de asesinatos selectivos de sus presunbtos enemigos.

A los gringos les interesa la Amazonia un lugar virgen donde robar de todos.

Incluso donde hacer turismo de elite matando animalistos negocio al cual hace poco nos enteramos estan haciendo muchas inversiones los judios entre ellos los Rostchild con campos para matar grandes animales en extincion en Africa.