sábado, 14 de enero de 2017

"Libre" para vivir

André vive dentro de un escaparate. La narración que verán es casi idílica y no casi, sino completamente indigna, presentada de manera "natural", de "así son las cosas". Su dignidad como ser humano nadie se la puede cuestionar, pero su "libertad" para "vivir" donde el capitalismo- que hace felices a los pueblos- determine, durará hasta que muera por frío o enfermedad, o bien hasta que su presencia moleste demasiado a burgueses y ricachones.


Hay un par de escaparates gemelos en una de las arterías principales del centro de A Coruña en el que, hasta no hace mucho, se exhibían gorras, sombreros de corte inglés, camisas, guantes, algún pañuelo e incluso condecoraciones militares. Pertenecen a un local cuyo nombre, Dandy, aún puede leerse en la fachada sobre la puerta tapiada y decorada ahora con carteles de teatro y de actuaciones que van sobreponiéndose a medida que pasan las semanas. Hace varios años que esos escaparates, que ya no tienen cristal, dejaron de mostrar prendas. Ahora son un hogar con paredes pintadas con pequeños diseños de color azul. Son la casa en la que vive André, un hombre mayor a punto de jubilarse, que duerme, "trabaja" y ve pasar la vida en los escaparates del Dandy.

No pretende hacerlo por mucho tiempo. Quiere dejar de ser una de esas personas que engordan la triste estadística de Cáritas que hablaba de que en el 2015 en la comunidad gallega había 133 personas que no tienen hogar por cada 100.000 habitantes.

Por eso, busca con urgencia un piso modesto o una habitación para alquilar. «Solo quiero que esté cerca de aquí, de la Cocina Económica (una institución que ofrece comedor y diversos servicios para que las personas de escasos recursos puedan ir tirando). Voy allí a ducharme y a comer. No puedo caminar mucho», dice. Y añade a su llamamiento una demanda más. En caso de que no sea un bajo, «ha de tener ascensor porque no puedo subir una escalera».

André es francés. Hablar castellano le cuesta, pero ha mejorado. Sus vecinos de las tiendas contiguas al Dandy le conocen bien. Le ayudan y le dan conversación. Cómo no. Es amable. Trabajó en Francia como informático y un día acabó en esta comunidad del norte. Hace tiempo que llegó a este rincón de Europa y hace meses que vive en el escaparate del Dandy.

Sentado en su hogar, escucha la radio en un pequeño aparato que va a pilas. Cerca guarda su termo de café. Saluda a los transeúntes habituales que ve pasar y dice que él, con más de 60 años, hace tiempo que dejó de ser un Dandy. Bromea, pero no se encuentra muy bien. Le duele una pierna. Levanta despacio la pernera del pantalón y muestra la extremidad atacada por los problemas de circulación derivados de una galopante diabetes. Voluntarios de Cruz Roja le han acompañado varias veces al médico (...9

André «trabaja» todos los días. No descansa. Ha colocado un pequeño puesto de perfumes para hogar y pañuelos delante de su peculiar sala de estar. Son el regalo que ofrece a aquellos que le donan alguna moneda para sobrevivir. Le ayudan también en la Cocina Económica, en la Cruz Roja y en el barrio. El mostrador que ha improvisado está decorado con estrellas de Navidad. Nunca ha perdido la dignidad.

lavozdegalicia.es (foto: idem)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y se puede decir que tiene suerte a muchos otros le va peor.

Pra que lo sepan, ya en Estados Unidos esta prohibido dar alimentos a los pobres, eso se debe hacer solo por las corporaciones creradas por amigos de los que gobiernan desde luego como un hran negocio para la iniciativa privada.

Y es curioso muchas personas han notado existen menos de esa persona que al parecer las estan eliminando porque afean el paisaje y los negocios.