lunes, 9 de enero de 2017

Utilizar métodos de otros tiempos

Lo que nos proponen los medios: Trucos renovados para dejar de tiritar.La mitad de los pisos de Compostela no tienen calefacción, así que quitarse el frío de encima es cuestión de ingenio. Si no inventas, si no eres ingenioso, te puedes morir de frío. Así de clarito te lo dicen los plumíferos del Régimen.

Fermín Romero de Torres, uno de los personajes más entrañables de la saga de El cementerio de los libros olvidados, el gran éxito literario de Carlos Ruiz Zafón, se quitaba el frío de la Barcelona de posguerra forrando su raído traje con páginas de papel de periódico. Decía que algo tenía la tinta que daba calor. El método no es del todo científico, pero más sospechoso resulta todavía el que se ha hecho viral en las redes sociales, un vídeo en el que se asegura que se puede calentar una habitación con ocho velas y dos tiestos de barro por 30 céntimos al día. La llamada calefacción de los pobres no tardó en encontrar sus detractores en la Red, lo que demuestra que a la hora de dar con trucos para entrar en calor, mejor los de toda la vida, y de eso saben los compostelanos que encaran estas noches que rozan los cero grados centígrados sin calefacción central en casa. Son casi la mitad de los pisos de la ciudad; algunos, por antiguos, y otros porque sus inquilinos carecen de poder adquisitivo para una necesidad básica que es, sin embargo, cara.


Al final de la calle Quiroga Palacios, llegando a la avenida de Lugo, está el bazar Antonio, de toda la vida. Ahora lo regenta José Manuel Neo, que mantiene el nombre de su antiguo propietario. Las ventas de estos días se centran sobre todo en artilugios baratos pero eficaces para entrar en calor. «No pasan de 20 o 30 euros, y son muy buenos porque pueden calentar una cama varias horas o el cuarto de baño mientras se duchan en casas que no tienen calefacción».

Los segundos son los calefactores de aire de toda la vida, pero entre los primeros hay objetos realmente curiosos. En realidad son versiones modernas del brasero de camilla, con aquellas ascuas de carbón que también en la literatura calentaban las sábanas entre líneas. El brasero de carbón sigue existiendo, pero aparte de su peligro -provocaron muchas muertes por incendio o inhalación de monóxido de carbono- la venta de este mineral para uso casero está prohibida. Así que lo que más reclaman los clientes de Neo son unos termocalentadores que se enchufan a la corriente, se calientan y mantienen la temperatura durante horas. También las bolsas de gel, con un funcionamiento similar. «Pero lo que más vienen a buscar es la bolsa de agua de toda la vida», asegura.

La bolsa de agua en versión tradicional, a cuadros, o en versión choni, con una funda de pelo que imita diseños animal print, sin olvidar las infantiles tipo Bob Esponja. Y si no es suficiente, la estufa de butano de toda la vida, recuperada ya hace unos inviernos por la crisis y la necesidad.

lavozdegalicia.es

2 comentarios:

Anónimo dijo...


Es el agotamiento del sistema en el que ya para nada sirve el adelanto cientifico. Para esa situacion eran mejores los tiempos de antes que con cualquier cosa se hacia una hoguera y se calentaban en cualquier cueva.

Desde luego eso es para los "goyines" o excremento humano como nos decia Menagen Beguin, hay una elite que se calienta y enfria a capricho y aun le sobra dinero.

Pero la gente prefiere regalarle su trabajo, su dinero, al fin regalarle su vida solo por cobardia.

Anónimo dijo...

fabada....metano....en fin, a buen entendedor....