domingo, 5 de febrero de 2017

Premios Goya

Lo que más aprecio de los Goya de este año ha sido el premio concedido a la película argentina. 

Me gusta mucho el cine argentino. Obviamente no la he visto (la película premiada) pero por su nacionalidad y porque no me suenan mucho los protagonistas, les concedo el beneficio de la duda de no formar parte de esa mafia formada (hay honrosas excepciones) por los actores españoles. Entre ellos (siempre son los mismos) se alaban, se abrazan, se saludan, se reparten papelitos mientras que a otros les negaron el pan y la sal.

A esos otros excluidos (uno muy conocido pero que ya no está entre nosotros) los he visto. Por eso afirmo. 

Para ganarse la vida iban por ahí presentando libros disfrazados de payasos, tocando trompetas y recitando una especie de romance para llamar la atención de la gente que pasaba por la calle y así lograr que accedieran al lugar de la presentación donde después se desarrollaba un debate. Allí, si procedía, relataban las causas por las que desde hacía años nadie se acordaba de ellos: no ser afines ni serviles al Régimen de los Borbones.

Además ¿qué respeto merece este baboso  cine español-crítico con un gobierno u otro según de donde sople el viento- que aún no ha tenido cojones de hacer una película objetiva sobre la Guerra Civil española? Muy al contrario se la han tomado a broma y chacota. Y las películas "serias" que tocaron el tema nos ofrecían imágenes donde personajes históricos se lo pasaban estupendamente bailando claqué en los patios de unas cárceles franquistas de posguerra.

Cualquier cosa valía -vale- para que no se enfade en demasía el establishment no vaya a resultar que "me quede sin curro". Y por supuesto "no te cuestiones el Sistema" que estamos en "democracia"

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