viernes, 4 de agosto de 2017

Anna Gabriel, portavoz de la CUP

Extractos de una entrevista concedida a El Mundo.

Usted no es españolista pero...

Pero nada. Es que además no soy patriota. Soy independentista porque identifico el proyecto de ruptura con el Estado español con una ruptura con el status quo y porque me parece una oportunidad de transformación. Que quizás no llegue nunca, ¿eh? Hay muchos momentos que pensamos que vamos a perder de forma clara.

Un mensaje no muy habitual dentro del triunfalismo de la política

La política parlamentaria ocupa este tipo de reflexiones: voy a hacer una moción de censura porque así me aseguro poner contra las cuerdas al contrario y ése es el objetivo aunque yo diga que es otro... Pero, si sales de ese tacticismo, que seguramente esté justificado para el que lo practique, y te mueves en otra dimensión, te das cuenta de que esto no es mirar para adentro. ¿Va a ser posible esa ruptura con el régimen del 78? Pues tal vez no. ¿La independencia de Cataluña necesariamente va a comportar un proceso revolucionario como a algunos nos gustaría? Pues quizá tampoco y algunos acabemos en las cunetas. Pero, aún sin tener asegurada ningún tipo de victoria, la alternativa es resignarse, ver el muro y no ver la grieta.

Según usted, ¿qué tendría que pasar para que Cataluña ya no quisiera independizarse?

El ejercicio que sería oportuno que hiciese el Estado español, de la misma manera que creo que es oportuno que lo haga este país, es no mirar para adentro. Más bien mirar qué aporta el Estado español negando un referéndum en un contexto europeo donde vemos que la construcción de la ciudadanía europea se basa en que ésta no tenga derechos de participación: En Grecia se hace un referéndum, la gente dice que no a los memorandos y eso no sirve. En España ni eso: aquí la gente, directamente, no vota. El Estado tiene la posibilidad de ponerse del lado de esas opciones institucionales y políticas internacionales que han decidido que la gente no sirve para nada. Me gustaría pensar que el Estado español se sitúa en otra parte, en la de quien está viendo que a la ciudadanía no se la puede relegar a donde se la está relegando. Y que tiene la opción de darle voz..

¿Es el turismo el primer problema de Barcelona?

Es que es muy evidente. Cuando hay partidos que nos hablan de "los problemas reales de la gente", yo no sé cómo se identifica un problema real. Tiene un impacto cotidiano, real, físico y objetivo en todas y cada una de sus calles. Me parece obvio que se ha desbordado la marca Barcelona y que se está expulsando a la gente de esta ciudad. Ya no reconocemos los espacios, los barrios, y es urgente tomar medidas taxativas. Es una industria extractiva que funciona 24 horas al día, 365 días al año, y que nos va a dejar sin nada.

¿Qué tienen que decir de su defensa de la Venezuela 'chavista'?

Es obvio que cuando diferentes potencias mundiales trabajan para derrocar un sistema político, como hemos visto en Cuba o en Venezuela, cualquier aliado de estos sistemas pasa a ser un enemigo. Aquí, que tenemos delegaciones de estas potencias en forma de partidos políticos del orden, cualquier apuesta por intentar leer la realidad de Venezuela desde la realidad de Venezuela, no desde la construcción que hagan en EEUU, es vilipendiada. Pero es que es una obligación: para hablar de Venezuela se tiene que querer hablar de ella, y no de los intereses de EEUU en el país. Y, ojo, que te pegan duro. A nosotros, en cada pleno del Parlamento de Cataluña cada semana nos sacan, entre otras cosas, la relación con Venezuela. Y se ríen de Cuba, de la misma manera que nos recuerdan que Otegi es un terrorista o que aprovechan para ridiculizar la tribu. Pero para nosotros está clarísimo que sólo una buena lectura de lo que está pasando en Venezuela y cuáles son los intereses que están en juego puede contribuir, no ya a solucionar la situación en Venezuela, sino a democratizar nuestra sociedad.

Uno de los mayores temores entre el independentismo es la salida de la UE, que la CUP defiende

Aquí lo que se intenta es que haya temas que sean tabú y vendernos que fuera de la Unión Europea no hay vida y sólo hay Mordor. Es una obligación moral de la gente de izquierda hacer un debate sereno, riguroso y sostenido sobre las alternativas que hay a la vigente UE.

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