sábado, 26 de agosto de 2017

Eran chavistas durante el tiempo en el que todo era bonito

El club de fans progre del Luisa Marvelia World Tour


El Luisa Marvelia World Tour ha dejado en evidencia su función como arquitecta de un expediente de intervención contra el país. Dentro de sus patrocinantes y fans se encuentran sociólogos, periodistas, juristas y dirigentes progresistas que la reconocen como un actor necesario para volver real la "opción militar" de Trump.

Es que la ex fiscal puede haber escapado en un yate privado de Venezuela, haber participado en una red de extorsión en el Ministerio Público liderada por su esposo, Germán Ferrer, y haber hecho la vista gorda con los abusos a los derechos humanos y el 80% de los casos de desfalco a la nación por entrega de divisas. Sin embargo, los adalides morales de la crítica acusan recibo sobre su actuación, que esté directamente relacionada con la política de cerco y asfixia de Estados Unidos para Venezuela. ¿O acaso qué significa que Ortega Díaz pida en una reunión de fiscales de Mercosur que se arme un caso contra Venezuela y abra un "canal humanitario" de alimentos y medicinas, tal como pide el Pentágono?

Porque la "corrupta narco dictadura" (cuánto parecido con las expresiones de Ramos Allup y Henrique Capriles) que supuestamente gobierna Venezuela, según Ortega Díaz, está en la misma matriz de opinión de que al país le urge un enorme contigente de medicinas y alimentos, trasladados, por supuesto, por marines y soldados de otros países que rescaten a la república bolivariana de la crisis humanitaria que atraviesa. La versión pop de la "opción militar" de Trump para tontos y bobos.

Igual ocurre con sociológos, periodistas y juristas, muy de aquí y muy de allá, que hacen mutis por el foro cuando el Luisa Marvelia Wold Tour se acerca a su lugar de origen: Washington. Sin que se animen a reconocer que no hicieron más que defender a una vulgar operadora estadounidense, lo que comprueba el lugar político que han decidido ocupar al persistir en calificar al Estado venezolano como cuasi mafioso y delicuente, de la misma forma que lo hace The Washington Post y Moises Naím.

Pese a esto, todavía hay dirigentes progresistas aún mucho más perdidos en su búsqueda de distanciarse de Maduro para congrasiarse con medios de comunicación y políticos. Tal es el caso del ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, quien afirmó estar de acuerdo con darle asilo en Colombia a Ortega Díaz, como piden los mismos que maniobraron para sacarlo del cargo antes de que terminara su mandato.

Según Petro, Ortega Díaz debería tener todas las libertades del caso en Colombia para reunirse con los militares, contrastistas, medios y juristas que preparan un caso para avivar un conflicto con Venezuela. Amanecer en el casco histórico de Cartagena entregando secretos de Estado y anochecer en la zona rosa de Medellín armando, entre cócteles, expedientes y operaciones para cercar a Venezuela, junto a lo más conspicuo del paramilitarismo colombiano que asesinó a los compañeros de armas de Petro en el M-19.

Como vemos, todas estas posiciones que buscan la comodidad ante el hecho venezolano para oportunamente ubicarse en la fila de linchamiento contra el país se refleja en la defensa de Ortega Díaz. Sin embargo, no hace más que demostrar cómo la falta de ubicación de estos sectores los coloca en el mismo bando político de quienes son sus rivales a lo interno.

Lo que refleja cómo la falta de un plan político propio, que no se maneje a merced del trendic topics, les hace perder de vista la dimensión del conflicto en Venezuela para no hacerse las preguntas necesarias que los saquen del ciclo de derrotas en el que están metidos. Porque esa incapacidad estructural en el pensamiento es la misma que hace que los planes corporativos avancen sin resistencias, ni tomar prisioneros.

Ninguno de estos progresistas podrán comprender, en cierta medida, la naturaleza de su propio conflicto interno, si no dejan de ver a Venezuela y al chavismo bajo etiquetas, debates pre fabricados y figuras de dudosa procedencia, como Ortega Díaz, porque en estas coordenadas se encuentra un país que atraviesa episodios que anteceden a lo que sucede en el resto de la región, y sirven para decodificar hacia dónde va un mundo, mucho más allá de sus condenas morales.

Las que vienen a demostrar el vacío estructural de pensamiento que existe en el progresismo, toda vez que las condenas morales y las solidaridades automáticas, casi de clase y a modo corporativo, vienen a suplir las discusiones y los debates políticos, como si este tiempo fuese el de seguir cualquier manada pro intervención, sin ni siquiera hacerse las preguntas del caso.

Con casos en el que da cierta vergüenza ajena la fabricación de un antichavismo visceral como si su pasado bolivariano implicase vivir una histérica penintencia de declaraciones altisonantes contra Maduro. Así en su cárcel mental: una foto de ayer con Chávez es una condena de hoy a Maduro.

En ese sentido, Ortega Díaz es para esta gente, irrelevante en el escenario político. Más bien es una especie de salvavidas, una razón para pedir perdón a sus captores por alguna vez haber sido chavistas durante el tiempo en el que todo era bonito, lindo de verdad, con el barril a 100 dólares y cupos viajeros, sin que lloviesen las críticas, ni cerraran los micrófonos a sus declaraciones. Convirtiéndolos en poco menos que porristas de Donald Trump.

misionverdad.com

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