lunes, 4 de septiembre de 2017

La burbuja financiera que tiene sin cuidado a Donald Trump

Si yo fuera él andaría bastante preocupado.

Se está gestando una burbuja financiera de enormes dimensiones en la bolsa de valores de Nueva York. Es que aunque el proceso de recuperación de la economía estadounidense marcha a un paso muy lento, el crecimiento del mercado bursátil ha sido exponencial durante los años recientes. Producto de un gran número de apuestas especulativas, la amenaza de que estalle una nueva crisis financiera de alcance global con epicentro en Wall Street es hoy más latente que nunca, aun cuando el mundo sigue sin poder recuperarse de los estragos que dejó tras de sí la crisis financiera de 2008.

La orgía bursátil, impulsada sobre todo por las empresas tecnológicas, está fuera de control. Los agentes de inversión de Wall Street están de fiesta: resultó una falacia la promesa de que un Gobierno encabezado por Donald Trump iba a ser perjudicial para los intereses del sector financiero. No hay nada de eso. El presidente Trump no tiene preocupación alguna en relación a la evolución de la economía, y tampoco le angustia la euforia especulativa que tiene lugar en el mercado de valores. Todo lo contrario, para el magnate de Nueva York tanto la economía como las finanzas de su país están evolucionando mejor que nunca, rompiendo todos los récords a la vista.

La primera semana de agosto, el índice Dow Jones (compuesto por 30 de las acciones más significativas, de todas las industrias, salvo transporte y servicios) rompió la barrera de los 22,000 puntos. Desde que estalló la burbuja de las hipotecas basura (‘subprime’) en septiembre de 2008 la subida ha sido continua: en menos de cinco años, el Dow Jones consiguió recuperar el nivel alcanzado en 2007. Al día de hoy, el índice bursátil sigue manteniendo una tendencia al alza y, a decir de varias firmas de inversión, más temprano que tarde bien podría superar la barrera de los 23,000 puntos, empujado por grandes empresas como Home Depot, Pfizer, Cisco Systems y Apple.

Trump pasó de criticar, a aplaudir la “exuberancia irracional” de los inversionistas bursátiles tras convertirse en presidente. El 3 de agosto pasado escribió en su cuenta de Twitter: “Los negocios están mejor que nunca con el entusiasmo comercial en niveles récord. La bolsa de valores en un máximo histórico. ¡Estas cosas no ocurren solas!”. Sin embargo, recordemos que en septiembre de 2015, Trump había lanzado duras críticas en contra de los amos y señores del capital financiero.

Por un lado, para ganarse la simpatía de la clase media, cuestionó los sueldos altos de los ejecutivos de Wall Street, situación inconcebible en un país donde los salarios de los trabajadores han venido retrocediendo como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) desde la década de 1970. Por otro lado, prometió que ya instalado en la Casa Blanca, iba a incrementar los impuestos a los fondos de cobertura, una acción que en su opinión, desalentaría la especulación en el mercado de valores.

Es que la candidatura presidencial de Trump, a diferencia de la de su contrincante por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, nunca recibió donaciones multimillonarias de parte de los grandes bancos de inversión. Así las cosas, Trump confiaba en que, si ganaba las elecciones, podría actuar con total libertad frente a los dueños del dinero. “Wall Street tiene un control total sobre Jeb Bush, Hillary Clinton y los otros candidatos pero no sobre mí. Mi campaña está financiada con mi dinero. Así que los únicos que tienen control sobre mí son los estadounidenses”, presumía Trump.

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