viernes, 29 de septiembre de 2017

Salen a la luz 100.000 documentos con los trapos sucios de la industria química

Durante 40 años los papeles más sucios de la industria química de Estados Unidos han dormido en una granja olvidada de Oregón propiedad de Carol Van Strum. Se trata de 100.000 documentos, de origen judicial muchos de ellos, relativos a juicios contra grandes monopolios, como Dow o Monsanto, y otros sobre organismos públicos, como la Agencia de Protección Ambiental, el Servicio Forestal y la Fuerza Aérea.

Los ecologistas han puesto el fondo documental a disposición de los interesados en un sitio de internet (https://www.poisonpapers.org/), dentro de un proyecto calificado como Los Papeles del Veneno. La biblioteca tiene más de 200.000 páginas y recupera una historia de 40 años de complicidad entre los monopolios y los organismos públicos encargados de las tareas ambientales.

En 1974, cuando se trasladó a vivir a Oregón, Van Strum se apercibió de que el Servicio Forestal fumigaba la región con el herbicida 2,4,5-T y en una ocasión sus cuatro hijos fueron alcanzados por el tóxico cuando pescaban a la orilla del río.

El herbicida era cancerígeno, uno de los cuatro componentes del “agente naranja” que la aviación estadounidense había arrojado en las selvas de Vietnam. A pesar de conocer sus efectos, años después se seguía utilizando en el interior de Estados Unidos.

También utilizaba otro herbicida del “agente naranja”, el E,4-D para destruir los rastrojos. Entre 1972 y 1977 el Servicio Forestal había arrojado 20.00 libras de 2,4,5-T sobre una superficie de 400 hectáreas, incluida la vivienda de Van Strum y la ciudad de Alesa, que está muy cerca.

Tras padecer la fumigación tóxica, los hijos de Van Strum y otros vecinos comenzaron a sangrar por la nariz, padecieron diarreas sangrientas y migrañas. Las mujeres tuvieron abortos, aparecieron animales muertos y malformaciones en los recién nacidos.

Los vecinos escribieron al Servicio Forestal para ponerles al corriente de los sucedido, convencidos de que las fumigaciones no se repetirían. No fue así, por lo que los vecinos pusieron una demanda ante los tribunales, logrando en 1977 una paralización temporal de las fumigaciones y en 1983 la definitiva.

A partir de entonces Van Strum siguió en la misma lucha y llegó a un acuerdo con el abogado que les defendió en el pleito: cobraba honorarios reducidos a cambio de dedicarse a investigar a los monoplios de la industria química y a sesorar a otros litigantes con problemas parecidos.

Así reunió un gigantesco volumen de documentos. En 1983 demostró que la autorización de pesticidas como el 2,4-D se basaban en datos falsos suministrados por una empresa llamada Industrial Bio-Test Laboratories.

Dos de los documentos detallan los experimentos que Dow encomendó a un dermatólogo de la Universidad de Pensilvania para mostrar los efectos del TCDD, que se llevaron a cabo en los años sesenta con presos recluidos en las cárceles. El TCDD es un contaminante muy tóxico que forma parte del  2,4,5-T.

A partir de 1985 Monsanto venció un compuesto químico contaminado por TCDD a los fabricantes de Lysol, que se utilizó durante 23 años como ingrediente de un aerosol desinfectante.

Desde 1990 la Agencia de Protección Ambiental autorizó el empleo de residuos peligrosos como ingredientes inertes en los pesticidas y en otros productos.

La Agencia de Protección Ambiental también ocultó datos del experimento Alsea. Había tomado muestras de tejidos de animales, del agua, de un aborto y de un bebé nacido sin cerebro para probar la relación entre los herbicidas y los falsos embarazos. Las conclusiones completas jamás se publicaron porque todas las muestras estaban contaminadas con TCDD.

Dijeron que la documentación se había perdido. Van Strum litigó durante varios para obtenerla y recuperó 34.000 páginas, que no es toda la información sobre el asunto. No ha habido ninguna manera de llegar más allá.

En 1977 su casa se ardió y sus cuatro hijos murieron en el incendio. Los bomberos dijeron que era intencionado. La casa se había quemado muy rápidamente y de manera completa. La investigación del crimen no acabó nunca, por lo que los vecinos se tomaron la justicia por su mano y derribaron uno de los helicópteros que el Servicio Forestal utilizaba para fumigar.

Van Strum no pudo rconstruir nunca su vivienda y ahora vive en un anexo. Ahora, con 76 años, sigue en la misma lucha de siempre contra los productos tóxicos. “Nada puede detenerme”, dice. La última contribución a su lucha es poner a la vista de todos los documentos que ha ido reuniendo en estos 40 años “para que otros puedan continuar el combate”, dice.

Hay motivos para continuar sin desmayo. Las empresas forestales siguen rociando el medio con 2,4-D, otro componente del “agente naranja”.

Una de las batallas está entablada contra Industrial Bio-Test Laboratories, un apéndice de la lucha contra el Roundup de Monsanto.

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