viernes, 10 de noviembre de 2017

La "democracia" es eso: intercambio de sellitos repetidos

PL.- Si las encuestas de los últimos 10 meses son fidedignas, la presidencia de Chile volverá a recaer en el magnate conservador Sebastián Piñera, aunque tal vez requiera de una segunda vuelta electoral.

Los comicios presidenciales y parlamentarios están a la vuelta de la esquina. El domingo 19 de noviembre será la primera ronda, con un favoritismo notable del exmandatario, con cerca del doble en porcentajes a su más cercano rival.

Sin embargo, el hecho de que Piñera alcance preferencias en el orden del 42 por ciento y el senador independiente Alejandro Guillier apenas del 22 por ciento, no es suficiente para determinar el próximo inquilino del Palacio de La Moneda.

El balotaje, de ser imprescindible, se efectuará el 17 de diciembre con la esperanza de las fuerzas de centroizquierda de cerrar filas y derrotar al antiguo inquilino del Palacio de La Moneda (2010-2014), quien se apunta en el colectivo Chile Vamos.

El problema es mucho más complejo. El senador Guillier cuenta con el apoyo del bloque de centroizquierda Nueva Mayoría (en el poder), pero sin la Democracia Cristiana (DC), que va a las elecciones de forma separada.

La senadora Carolina Goic, actual líder de la DC, tampoco parece muy convencida de sumarse al conglomerado que respalda a Guillier, lo que para algunos se trata de una estrategia con miras a conseguir espacios políticos.

En solitario, la DC no tendría la misma influencia y la esperanza de que Goic sea la carta contrincante de Piñera en segunda vuelta son muy lejanas.

Observadores consideran que el ex gobernante se trazó la meta de retornar a La Moneda desde el mismo día en que entregó la banda presidencial a la socialista Michelle Bachelet. Con apariciones furtivas en un inicio, fue ganando terreno de modo paulatino.

Piñera dejó siempre el velo enigmático de sus eventuales dudas a regresar al ruedo electoral y no perdió oportunidad para asestar estocadas contra la administración de Bachelet, siempre que vio la posibilidad de obtener réditos.

La enorme popularidad de la jefa de Estado, triunfante en las urnas con más de un 60 por ciento de adeptos, decayó estrepitosamente a raíz de un escándalo del presunto tráfico de influencia y corrupción de su nuera y su hijo Sebastián Dávalos.

El problema con Dávalos y su esposa estalló en pleno período vacacional de comienzos de 2015 (verano austral). Lo peor es que trajo arrastres. Fue enlodado con la crisis acerca de los políticos y la corrupción.

Aunque Bachelet, tras el mal momento personal, reaccionó con energía e hizo todo a su alcance por la transparencia y probidad, no pudo evadir la andanada de críticas de la derecha que era hasta ese instante el foco del asunto.

El programa de reformas de la Presidenta fue asimismo escogido como chivo expiatorio de la desaceleración, a pesar de que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advirtió de un panorama sombrío para toda la región.

La economía de Chile muestra un panorama más alentador de cara a 2018, pero mantiene un ojo abierto ante las elecciones presidenciales.

Sin mencionar directamente a candidato alguno, el Banco Central señaló de todas formas que el clima de negocios e inversiones dependerá en ciertos dominios de los resultados de los comicios.

En su Informe de Percepción de Negocios, basado en una encuesta con especialistas, refleja un sentir enfocado en 2018, algo que la propia CEPAL adelantó hace varios meses.

Según la CEPAL, las perspectivas de la región para el próximo año son esperanzadoras en líneas generales cuando cederá la crisis de la desaceleración como consecuencia de los precios de las materias primas.

Una cuestión esencial que con mirada larga, trata de capitalizar Sebastián Piñera. Su imagen de hombre de negocios de éxito le favorece para consolidar la idea de "salvador de la economía chilena".

"Respecto de la mejora en las perspectivas para el 2018, la mayoría de los consultados liga el desempeño de sus negocios, y en algunos casos la materialización de proyectos de inversión, a los resultados electorales", anotó el reporte del Banco Central.

Además de los senadores Guillier y Goic, aparece por tercera vez en las justas electorales Marco Enríquez-Ominami, por el Partido Progresista (PRO), quien ha subido en las encuestas sin demasiado impacto.

Beatriz Sánchez, aspirante por el Frente Amplio (FA), una coalición de pequeños partidos y movimientos de izquierda, le sigue a Guillier en los sondeos a una distancia de por lo menos 10 puntos porcentuales.

Sánchez, una periodista que surgió junto con la creación hace menos de un año del FA, intenta dar la sorpresa y convertirse en el contendiente de Piñera en el balotaje. Su inexperiencia puede pasarle factura.

Enríquez-Ominami es todavía un joven político que viene de las filas del periodismo aunque con la ventaja de conocer de memoria el ambiente de las urnas. Es hijo de Miguel Enríquez, asesinado líder del Movimiento de Izquierda Revolucionario.

Si bien con tropiezos mutuos, Guillier parece inclinado a dar su espaldarazo a Goic y viceversa, si alguno de los dos llega a segunda vuelta. De forma más vertical Enríquez-Ominami se lo ha anunciado al senador independiente.

Beatriz Sánchez, empero, reitera que prefiere hacer como en el fútbol, esperar a las semifinales, con la idea de puede ser ella quien acompañe a Piñera en el balotaje.

Por tanto, no se puede hablar aún de un frente común contra el magnate, quien igual, según las consultas, ganaría sin problemas la presidencia de la República.

Para completar el espectro de candidatos, están los "outsiders", bien a la izquierda el senador Alejandro Navarro (País) y Eduardo Artés (Unión Patriótica), y en la ultraderecha José Antonio Kast.

Paradójicamente, Kast consiguió hasta un cinco por ciento de respaldo en las encuestas con sus ideas de reconocimiento a Augusto Pinochet y el pasado de dictadura de Chile; contra el aborto sancionado en ley para tres causales y el proyecto de matrimonio igualitario.

Todo indica que Kast dará sus votos a Piñera en segunda ronda, pero no queda claro si Navarro y Artés harán lo mismo con el aspirante de centroizquierda que logre llegar al balotaje.

La interrogante que no deja de inquietar a una parte de los más de 14 millones de chilenos con derecho al voto es si, en efecto, será necesario extender el proceso hasta el 17 de diciembre.

De momento, salvo resultados inesperados, el pronóstico apunta a que el color político de Chile cambiará el 11 de marzo de 2018, cuando Bachelet entregará el mando, presumiblemente otra vez a Sebastián Piñera.

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