jueves, 9 de noviembre de 2017

Nueva modalidad del régimen: chabolas sociales

Luisa Reyes va, por momentos, de la ira a la rabia. Tras 15 años de espera para acceder a un alquiler social, está decidida a rechazar el que la empresa municipal de vivienda de Cádiz, Procasa, le concedió el pasado viernes. Pero antes, argumenta con pruebas su repulsa: “¿Que por qué hago esto? Porque esto es un cuchitril insalubre, un foco de infecciones. Igual que no lo quiero para mí, no quiero para nadie”.


Es la enésima y última vez que visita la que iba a ser su casa acompañada de un periodista, después entregará las llaves. “Prepárate para lo que vas a ver y no exagero”, insiste Reyes, mientras introduce la llave en la cerradura. En la puerta, una pintada añade aún más suspense al momento: “Aquí vive un violador de niñas, un ladrón, un maltratador de su madre y un ladrón. Y un gilipollas”.

Tras forcejar con el atascado portón -“¡ni esto funciona!”, exclama iracunda Reyes-, la casa, ubicada en el segundo piso del 13 de la plaza Tío de la Tiza, deja ver sus encantos: paredes sucias y desconchadas, humedades, muebles desvencijados o armarios sin puertas. El olor tampoco se queda a la zaga. Va del rancio a la putrefacción, mientras que Reyes se afana en abrir las ventanas para dejar correr el aire de la calle. “Y esto no es nada, taparos la nariz”, amenaza la gaditana mientras abre el frigorífico del salón-cocina. Una olla y tres paquetes putrefactos proporcionan alimento a la constelación de pequeños insectos que pueblan el aparato. “Soy pobre pero no mendiga. Dime ahora si hay derecho que alguien tenga que enfrentarse a esto”, añade indignada mientras se tapa la boca con la mano.

La rabia de la que hoy hace gala Luisa Reyes viró de la alegría que experimentó cuando supo, el pasado jueves, que Procasa al fin había encontrado una casa para ella y sus dos hijos, de dos y 15 años. Llevaba desde 2002 en el Registro de Demandantes de Vivienda Protegida y, desde mayo, estaba alertada de que su momento estaba cerca. “Desde Procasa me avisaron para que viniese al día siguiente a esta casa para la adjudicación de la vivienda. Estaba muy ilusionada”, rememora Reyes. Por 110 euros al mes, la gaditana de 34 años por fin dejaría de vivir en casa de su madre y tendría un hogar, pese a contar solo con una ayuda estatal y ganarse la vida “limpiando portales y cargando cajas de pescado al amanecer en el muelle”.

Pero cuando Reyes accedió a la casa la ilusión se desvaneció. “Vinieron a entregarla sin saber ni siquiera como estaba. Para ellos, debe ser que está habitable por que me dijeron que se habían planteado fumigarla pero que tampoco la veían tan mal. Yo solo vi con ellos el salón, que es lo que está más decente, pero, cuando yo vi la casa, salí corriendo de aquí”, explica, mientras continúa el recorrido por la vivienda. Reyes asegura que los muebles de la desvencijada cocina están llenos de cucarachas y que, en una despensa sin puertas y con comida caducada, hay excrementos de ratones. Además, en el cuarto de baño el inodoro está roto y en los dormitorios el olor y las manchas de humedad en paredes y puertas se hace aún más intenso.

“Pretendían que me metiese ya a vivir aquí cuando esto es evidente que no está habitable y mi hijo pequeño tiene problemas de bronquitis Me consta que esto no es la primera vez que pasa en Procasa, pero a mi no me van a tapar la boca”, 

El País

Nota de blog. Si El País denuncia esto es porque la alcaldía de Cádiz está gobernada por el ya famoso alcalde, Kichi. No crean, pues, en su "bondad" democrática. Ahora bien: nos viene de perlas para demostrar cómo tratan los Borbones a sus súbditos o al menos a quienes se consideren como tales.

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