sábado, 17 de febrero de 2018

Hegemonía yanqui: No es oro todo lo que reluce

Por J. M. Álvarez/Inti Tumaini, año 2006 (La Jiribilla).

Si bien el evidente fracaso de los EE.UU. en Iraq favorece que más voces pongan en duda la existencia de un omnímodo poder yanqui, aún son muchos los que, desde el movimiento progresista, se limitan a citar, reiteradamente, el poderío estadounidense y no hacen referencia alguna a las contradicciones existentes entre los estados imperialistas, lo cual no contribuye a comprender la inestabilidad permanente de la actual situación internacional ni a prever su futura evolución. Una inestabilidad internacional, que responde a la voluntad  de los EE.UU. de prolongar su hegemonía que, en estos momentos, no tiene base real. Dicha hegemonía no solo es contestada de forma combativa por los pueblos del Tercer Mundo, o países como Rusia y China, sino también es cuestionada dentro del propio campo imperialista occidental, principalmente por el núcleo central de la Unión Europea.

No obstante, aunque el imperialismo estadounidense no tenga la fuerza para ser la única potencia sin discusión, sí tiene todavía la suficiente para que no haya dos iguales. Así, por ejemplo, mientras el país que está en la base de la Unión Europea, Alemania, va de “tapadillo” y hace aún todo lo posible por no moverse de la foto, los estadounidenses ―conscientes de que el tiempo no juega a su favor― abusan de la arrogancia y del descaro para que todos vean en ellos a la única potencia estabilizadora. La crisis global de hegemonía de los EE.UU. obliga a ese país a mantener una inestabilidad internacional que prolongue su estatus dentro del campo que históricamente ha liderado.

Las contradicciones entre los países imperialistas, reavivadas tras la Guerra Fría, y la debilidad estratégica de algunos de ellos constituyen factores favorables para la causa popular en todo el mundo, que compensan, en parte, el reflujo que supuso la “victoria del Occidente capitalista” tras la caída de la Unión Soviética. Eso nos permite alimentar la esperanza de quitárnoslos a todos de encima con la convicción de que es posible porque el capitalismo presenta fallos y fisuras internas que hay que saber aprovechar; por tanto, debemos desterrar la tesis ―basada en el derrotismo y la impotencia― de que estamos inmersos en un imperio único y sólido, liderado por los yanquis. Esa tesis sobrevalora el poder de la Casa Blanca y no contempla que las diferencias entre los “grandes” favorecen los procesos revolucionarios, los movimientos de resistencia patriótica o, simplemente, el desarrollo independiente de los países.

Al hilo de esta cuestión, no creemos que la lucha que desarrollan en Oriente Medio sectores populares y determinadas organizaciones combatientes, sea tan solo obra de un montaje de los servicios secretos estadounidenses o israelíes. A pesar de que en ocasiones haya existido convergencia de intereses ―reaccionarios― entre islamistas y la CIA contra la Unión Soviética en Afganistán, o entre Israel y Hamas contra la OLP, o de que agentes a sueldo de Occidente hayan sido sorprendidos perpetrando atentados criminales, hay que reconocer (aunque seamos ateos o no compartamos su ideología ni línea política) que las circunstancias derivadas de las actuales guerras coloniales ― conocidas de manera eufemística como “preventivas” ― determinan que, hoy día, quienes luchan con las armas en la mano contra el imperialismo provienen, en su mayoría, de países musulmanes.

Regresando al tema que nos ocupa, cabe recordar que hasta finales de la década de los 60, el hecho de que la posición estadounidense no fuera cuestionada por sus aliados, respondía a necesidades de orden geopolítico e ideológico impuestas por la Guerra Fría, pero también tenía una base económica. Tras la Segunda Guerra Mundial, los EE.UU. acaparaban los dos tercios de la reserva mundial de oro. En 1944 los Acuerdos de Bretton Woods ponen al mismo nivel el oro que el dólar. Dicha nivelación pudiera parecer justificada por la falta de moneda-oro para garantizar los intercambios comerciales, pero se estaba confundiendo la moneda real (el oro) con un papel moneda (el dólar) lo que convertía de facto a la Reserva Federal (el banco central de EE.UU.) en la entidad emisora de billetes del resto del mundo. En definitiva, se sentaban las bases para que, en el futuro, los EE.UU. pudiesen exportar sus crisis al resto del mundo, tanto el desarrollado como el subdesarrollado. Sería el presidente francés De Gaulle el que en 1965 criticara el privilegio de los estadounidenses en cuestiones de emisión de moneda que les permitía endeudarse gratuitamente a costa de los demás.

En 1961 un grupo de países ricos (encabezados por Japón y Alemania) puso sus reservas de oro a disposición de los estadounidenses para que estos respaldaran los dólares que imprimían. Esta “generosa” solidaridad entre estados capitalistas desarrollados duró hasta 1971, cuando Nixon, en plena guerra de Vietnam, decidió no avalar más con oro a los dólares. A partir de ahí, el papel sustituyó al oro como moneda. Tras crearse esa nueva situación, EE.UU. ha pretendido lidiar, en parte, su gigantesco déficit  con la exclusiva legal que tiene de imprimir los dólares que debe, y de hacer bajar o subir el valor de estos. Resulta, pues, que los EE.UU. están ejerciendo una “considerable influencia negativa en la economía internacional, como consecuencia, entre otros factores, de la descontrolada emisión de dólares para pagar productos y servicios por encima de su real poder adquisitivo, papeles que ya la gente no quiere atesorar”. (Fidel Castro, según Granma, informando sobre una reunión de su partido el 1 de julio de 2006). Recientemente, el periódico francés Les Echos, en un artículo titulado “La mundialización continúa pero ya no la dirigen los EE.UU.”, opinaba que el triunfo estadounidense sobre el comunismo y el final de la Guerra Fría ocultaban un debilitamiento del imperio que se había iniciado mucho antes y cuya primera señal fue la derrota de Vietnam.

Evidentemente, esa riqueza estadounidense, cada vez más por encima de su real poder adquisitivo, es en gran medida responsable de la ruina total en que se encuentra el Tercer Mundo, sin por ello exculpar al resto de países desarrollados ni a las camarillas locales de los países dependientes. Pero lo que interesa destacar, por lo que tiene que ver con la agudización de las contradicciones entre los países capitalistas, es que muchos de estos, afectados por la crisis económica y social iniciada en el mundo industrial en la década de los 70, vieron en el sistema estadounidense un obstáculo a sus propias necesidades expansionistas; un estado norteamericano, al que ya solo estaban ligados por la amenaza soviética. De ahí que cobrasen vigor las tendencias a formar bloques económicos, como en Europa, y a crear monedas que pudieran sustraerse del yugo del dólar, tal como se pretendió con la Unidad de Cuenta Europea (ECU) que finalmente alumbraría al euro. De hecho, un buen número de países importantes considera la posibilidad de asegurar el valor de sus riquezas en otras monedas, alejando así el temor de arruinarse de la noche a la mañana. En ese sentido, Hugo Chávez apoyó recientemente la iniciativa planteada por Irán, aunque este país estuviera también guiado por consideraciones geopolíticas, ya que está militarmente amenazado por el imperio.

Pues bien, la actual inestabilidad internacional permanente estriba en que el problema del déficit estadounidense y de su estándar de vida, muy superior al de su poder adquisitivo real, no puede resolverse con correcciones exclusivamente económicas. Y es que la propia estabilidad del particular sistema estadounidense depende de su hegemonía mundial. Efectivamente, aparte de las enormes fortunas y negocios, que son consecuencia de esa hegemonía, los EE.UU. han construido un sistema económico-social que, lejos del neoliberalismo que exigen a los demás, está protegido por una serie de leyes que solo se explican por el rol que ejerce en el mundo. Y qué decir de los sustanciosos planes sociales, empresa por empresa, que durante décadas se han aplicado y que están al abrigo de tener que responder a la banca (nacional e internacional) en caso de quiebra (capítulo VIII de la Constitución.) En definitiva, los EE.UU., desde hace años, ejercen una generosidad financiera hacia el interior del país, mientras buscan diariamente en el extranjero 2.000 millones de dólares. ¿Qué sucederá cuando no los encuentren?

Más allá de sus diferencias, todos los grupos de poder estadounidenses comparten la idea de que la posición internacional de su país no sea cuestionada. Y para ello no dudarán en seguir provocando conflictos para alcanzar, entre otros, el control total en Oriente Medio, y obligar a que todo acuerdo entre los países de la zona y otras potencias (incluidas las occidentales) pase por su beneplácito y no se haga en contra de sus intereses. Apuestan, incluso, porque la propia inestabilidad, creada por las intervenciones militares, haga que el elemento decisivo en el juego de dominación en el ámbito mundial continúe siendo el militar, donde ellos se sienten más seguros en comparación con las otras potencias capitalistas. En otras palabras: o la guerra genera una situación nueva para el “nuevo siglo norteamericano”, o genera una inestabilidad en el campo occidental hasta el punto de que este se vea obligado a mantener de nuevo al gendarme estadounidense como sucedía durante la Guerra Fría. 

Está claro que los imperialistas, por su propia naturaleza, no pueden enterrar sus diferencias y contradicciones (al contrario, poco a poco se agudizan más) para así evitar que los procesos revolucionarios y de resistencia extraigan beneficio político de las mismas. Larga, pues, será la guerra contra el “terrorismo”, porque largo es el desafío que tienen que resolver los EE.UU.: asegurar su hegemonía contra vientos enemigos y mareas “amigas”.

viernes, 2 de febrero de 2018

Hemeroteca

Cómo hacer el ridículo ante Fidel Castro

“No tengo información"... “No lo sé exactamente en estos momentos”... “No estoy seguro”... "Después se lo doy a Abel (Prieto)"... Cuando nos preguntan algo sobre la comunidad donde vivimos, al menos deberíamos saber cuánto pagamos de cuota. 

“Si no hay ninguna manera, aquí y ahora, de defender la democracia y la justicia social en Siria, si lo mejor que podemos hacer (todos de acuerdo: Qatar, Arabia Saudí, Turquía, EEUU, la UE, Israel, China, Rusia, Irán, pero también Venezuela y Cuba) es abortar su revolución, ¿qué puede proponer la izquierda a los sirios? ¿La estabilidad anterior al 15 de marzo de 2011?”, Santiago Alba Rico en GARA.

“Cuando consideramos la situación de Siria debemos tener en cuenta que las fuerzas de oposición no constituyen una alternativa democrática. La fuerza de choque reaccionaria es la organización de los Hermanos Musulmanes, que ha cometido matanzas en estrecha alianza con el imperialismo y los regímenes árabes reaccionarios, mientras los liberales de todos los pelajes son usados como cortina de humo por estas fuerzas oscurantistas”, Partido Comunista sirio. Extracto de su declaración ante la injerencia imperialista en Siria.

En el encuentro de intelectuales con Fidel, acaecido recientemente en la Habana, Santiago Alba Rico, tras darle una "lección magistral" al viejo Comandante para que éste "sepa" lo que es una "revolución" de verdad (manda narices) y hablarle de las excelencias de la Túnez actual, donde el imperialismo ha cambiado un dictador llamado Ben Alí por un régimen llamado dictadura capitalista, se encontró metido en un callejón sin salida ante una pregunta que Fidel le hizo sobre quién administra y se lleva los beneficios de la explotación de las minas de fosfato.

Cuando Fidel comprobó que Alba Rico no tenía ni idea (o se salía por la tangente) y, por tanto, era incapaz de responder a su pregunta, le pasó la mano y entre alguna sonrisa irónica y compasiva, dijo que su interés se debía a que Cuba es consumidora de ese mineral. Por cierto no sabemos qué pintaba el filósofo en Cuba. Dado que no cuestiona el sistema capitalista (lo llama democracia genéricamente) resulta como mínimo contradictorio, acudir a un encuentro que se celebra en una terrible “dictadura”

J.M. Álvarez marzo,2012

sábado, 27 de enero de 2018

Las murmuraciones

En un pueblo, cuya mención no viene a cuento, unas mujeres murmuraban muy bajito sobre una vecina: "Su hijo está en a cárcel. Lo condenaron a 20 años". Yo lo oí.

Ni hablaban bien, ni hablaban mal de la infortunada madre ni de su hijo (más bien lo hacían con temor de que alguien las escuchara), pero a quien esto suscribe aquello le llamó la atención. 

Curioso, indagué y me enteré de que el preso penaba por haber combatido con la República en una guerra que los vencedores, constantemente, nos pintaban a niños y adultos como justa. 

Ni que decir tiene que yo no entendía nada de guerras ni me interesaban pero sí me sorprendió lo de los 20 años. En mi corto entender me parecieron una barbaridad. 

Tenía yo 6 o 7 años aquel día de las murmuraciones y, de manera instintiva, comenzó a iniciarse en mí un cambio que culminaría en la adolescencia.

Ya no hubo marcha atrás. Ni era posible ni nunca, desde ese momento, la quise.

Y ahí sigo porque las murmuraciones continúan. Y los presos también.

viernes, 19 de enero de 2018

Excepciones que confirman la negra norma del carnaval servil. Enhorabuena

“En el fondo te hierve la sangre de envidia al ver cómo ellos luchan por Cataluña como tú nunca lo hiciste por España"


miércoles, 17 de enero de 2018

El denostado panfleto

Frecuentemente, personas críticas con el sistema capitalista, escriben artículos que, por su compleja redacción, resultan de difícil comprensión y, en consecuencia, sólo llegan a un sector minoritario de la población. En la sociedad actual, la mayoría de ese sector mantiene prejuicios antipopulares o está al servicio del imperialismo; por tanto no le interesa aquello que cuestione su forma de vida. Teniendo en cuenta lo expuesto, resulta probable que, en más de una ocasión, estos progresistas eruditos acaben leyéndose a sí mismos, lo cual es una lamentable pérdida de tiempo.

Creo que lo más importante de los términos de cualquier texto, no es la etiqueta que otros puedan colocarles, sino su contenido. Incluir en ese texto, expresiones y palabras que, además de ampliar el sentido de los términos ya existentes, resulten familiares y comprensibles para la mayoría de la gente, no es empobrecer la calidad del mismo.

Sin embargo, se están considerando panfletarios a todos los escritos o comunicados de denuncia que utilizan un lenguaje revolucionario sin matices ni florituras. Paradójicamente quienes los critican llevan razón: son panfletarios. Pero si la critica está relacionada únicamente con el desprecio y la poca estima que les merecen, se equivocan. Tildar de panfletarios a los que defienden una idea justa y tienen la valentía de exponerla sin andarse por las ramas-, a pesar de que ello pueda traerles graves consecuencias-, es propio de acomplejados y temerosos.

Sin ir más lejos, los enemigos del presidente venezolano Hugo Chávez tratan de ridiculizarlo, acusándolo constantemente de utilizar un discurso panfletario y populista porque, con un lenguaje fácil y sencillo llega profundamente al pueblo, lo cual resulta muy peligroso. El Diccionario de la Lengua Española define al panfleto como libelo (libro pequeño) utilizado para difamar a alguien. Pero cuando al imperialismo se le califica de asesino- y basurero maloliente a su entramado político-, se está constatando una realidad; por tanto no existe difamación alguna.

Como género literario, el panfleto consiste en un estilo llano y directo, encaminado a tratar de convencer a los demás sin adornarse. Se dirige a su destino- las capas populares- sin rodeos y no acepta filtros elitistas. Su herramienta es el lenguaje panfletario que, contrariamente a lo que podría pensarse, al ir destinado a un público heterogéneo, es mucho más exigente que cualquier otro y obliga a una transparencia absoluta. Sin embargo, detrás de una pomposa redacción es posible ocultar dudas, contradicciones e incluso ignorancia.

De la misma manera que el lenguaje panfletario debe evitar la grosería y lo chabacano- porque nada tienen que ver con él-, quienes apuestan por una redacción más elaborada deben evitar la construcción de interminables escritos, monótonos e ininteligibles para el gran público, que sólo provocan aburrimiento. Para aburrir a la gente están los diputados y senadores de la democracia burguesa, y su fingida solemnidad de los grandes días de “debates” parlamentarios. Hay que conectar con los combatientes, con los que siempre dan la cara de verdad, aunque utilicen vestimentas variopintas, luzcan aretes o lleven el pelo pintado de colores. Si por algún prejuicio, subestimamos a quienes forman parte de nuestra misma clase, estaremos asumiendo actitudes idénticas a las de la burguesía.

Un entrañable amigo (ya desaparecido), ex preso político de la “democracia” española, muy aficionado a representar obras de teatro, decía que al finalizar una representación en los barrios populares, se desarrollaban coloquios entre actores y el público asistente que no trataban sobre la obra en sí misma, sino de los problemas que los vecinos tenían y que aquella les había hecho recordar. Sin embargo cuando la misma representación se realizaba en lugares de “mayor nivel”, era considerada, inmediatamente como un panfleto, porque- según decían los eruditos- se entendía todo. Al respecto, este amigo, reflexionaba lo siguiente: “Se entendía todo sí señor, ése era el gran problema. Había que elaborar un lenguaje oscuro y cerrado al que no tuvieran acceso más que las minorías exquisitas.”

Para concluir, entiendo que si el panfleto tiene alguna acepción peyorativa, ésta sólo sería válida para calificar a los medios de propaganda que magnifican, elogian y bendicen las cloacas donde se revuelcan el capitalismo y su “democracia”, y no a quienes lo vapulean en sus escritos.

J. M. Álvarez, 2006

martes, 16 de enero de 2018

Hemeroteca

El subjetivismo sectario

Si hubo alguien que dio lecciones de antisectarismo, ese fue José María Sánchez Casas. 

"Pese" a su historial y ya en libertad, era reconocido por la calle por unos y otros. Prácticamente la mayoría de la gente lo saludaba con afectividad simulada o real. No se nos escapaba el hecho de que en muchos casos, detrás del saludo se ocultaba el localismo del "ese es de aquí y le echó cojones a la cosa"

A todos correspondía con amabilidad, mientras “por lo bajini” manifestaba su sorpresa porque este o aquel le mostraran semejante cariño. En el poco tiempo que le quedó de vida desde que cumpliera condena y no le debiera al régimen ni un tantito así, José María entabló relaciones con personas de varias tendencias y formas de ver la vida. Es obvio que primaron en él la honestidad de aquellas, independientemente de otras consideraciones sin que ello significara que abandonara un ápice sus principios.

Iba a todos los lugares que se encartaran, participó en dos o tres programas de una televisora local donde algunos “súper” no habrían puesto un pie en su vida, pero él utilizaba las tertulias para difundir sus ideas, incluso fue galardonado con el primer premio de carteles del Carnaval porque otra persona (ni por asomo revolucionaria) se presentó en su nombre y en el acto oficial declaró la auténtica autoría del cartel  diciendo "esto no lo he hecho yo, sino mi amigo José María Sánchez Casas" quien, sonriendo, salió de entre el público asistente y recogió el galardón en medio del desconcierto, la ofuscación y humillación de la corporación municipal, plena de franquistas.

Siempre primó en él el principio comunista de no creerse por encima de nadie (error gravísimo de quien lo cometa), de no ir por ahí dando lecciones de superioridad ideológica. Escuchaba a la gente sencilla, popular, tenía paciencia, dialogaba sobre los problemas cotidianos que nos afectan por igual a todos, no espantaba a nadie, trataba de sumar y organizar que el resto vendría después, en definitiva: no era un sectario. 

J. M. Álvarez, julio 2013

lunes, 15 de enero de 2018

Los Hijos de Lenin

Nada tengo en común con el señor Puigdemont (“degollado” por una chirigota del Carnaval de Cádiz), ya que se encuentra en las antípodas ideológicas de quien esto escribe. Lo que me mueve a opinar sobre el asunto del decapitado, no es exactamente su infortunado destino, sino este Carnaval que languidece estancado porque le falta dar ese paso hacia adelante que la cobardía controla, y en el que impera lo fácil e inconsistente, algo que se repite año tras año. Enorme favor que le hacen al Sistema.

Insultar a los catalanes desde mucho tiempo antes de que se conociera a Puigdemont, no es nada nuevo. Es una tónica chovinista, que esconde, como mínimo, un complejo de inferioridad. Insultar a un pueblo (no hablo de burguesía) que aceptó a miles de andaluces expulsados por el señorito y refugiados en Cataluña donde encontraron trabajo y cobijo, no es Carnaval. Resulta-, queda “mejor”- liarla con Cataluña porque “somos españoles” por cojones, que con el gobierno alemán que es quien gobierna este país en ruinas. Y para qué hablar del recurso- que tan bien le viene al régimen- de fomentar la división y el rencor entre provincias hermanas.

Sobre lo acontecido, algunos tertulianos radiofónicos dijeron, entre risas, que no había odio en ello (tampoco lo creo yo) añadiendo que no podía considerarse delito y recordando que también salieron los Reyes Magos en idéntica tesitura. Perfecto. Pero mire Ud. que ahí me surge una duda: ¿entonces por qué no representaron a Felipe de Borbón en plano de humor debajo de la guillotina? Veamos. En cuestiones pueriles seguro que lo criticarán pero no irán más allá porque Su Majestad lo está haciendo muy bien ejerciendo de Gran Inquisidor de la Santa Unidad de las Españas. ¿Alguien puede creer que el régimen no puso bozales y cadenas a todas las Carnestolendas? Cádiz no iba a ser una excepción por mucho que traten de decirnos lo contrario. 

Ya es hora de desmitificar a una “fiesta” manchada de chovinismo y cobardía. Ese chovinismo está presente en el 90 por ciento de las agrupaciones, algo que no viene de ahora, sino desde los tiempos de Franco con la excepción, posterior, del trienio 1978-1981 donde sí hubo un Carnaval valiente, reivindicativo, popular. Lo de ahora no puede denominarse así, se queda en una letanía aduladora, chismosa y aderezada, para disimular, con algún lamento que recuerda a parados y hambrientos, lamento al que le falta el valor necesario para tildar de dictadura al Sistema que genera esas miserias. El Carnaval es otra cosa.

Al hilo de esta cuestión, recuerdo que en el trienio arriba citado, podían leerse cosas como ésta sobre las huelgas de astilleros: “Se habla del P.C.E. (r) y F.R.A.P. -grupos que se dejan notar en Cádiz-, pero... ¿y esos vecinos que han arrojado frigoríficos, macetas y objetos de todo tipo contra los policías en solidaridad con los manifestantes? La cosa es más grave de lo que parece”. O titulares como "Cádiz en situación prerrevolucionaria”, de la revista Sábado Gráfico. Aquello quedó reflejado en el Carnaval de 1978 por un coro llamado, curiosamente, La Guillotina. Esa agrupación apoyó las acciones de los obreros y alabó a los vecinos que arrojaban objetos contra la Policía que asaltó la ciudad. Aquel coro fue Primer Premio del concurso. Hoy sus componentes estarían pasando todos por la Audiencia Nacional.

Mi entrañable, y ya desaparecido padre político, a menudo canturreaba algunas canciones del Carnaval de los tiempos de la República (cuantos chirigoteros fueron asesinados por la represión franquista…) que él disfrutó siendo apenas un chiquillo. Una de las estrofas que escuchó entonces y que él solía repetir era esta: “Somos los hijos de Lenin”. Lenin y el Carnaval vinculados por el pueblo que lo cantaba en la calle. Lenin y al Carnaval unidos contra la burguesía y su dictadura. 

Ni que decir tendría que me quedo con los Hijos de Lenin y no con esta actual y horrible caterva que dice ser Carnaval.

J. M. Álvarez