lunes, 15 de enero de 2018

Los Hijos de Lenin

Nada tengo en común con el señor Puigdemont (“degollado” por una chirigota del Carnaval de Cádiz), ya que se encuentra en las antípodas ideológicas de quien esto escribe. Lo que me mueve a opinar sobre el asunto del decapitado, no es exactamente su infortunado destino, sino este Carnaval que languidece estancado porque le falta dar ese paso hacia adelante que la cobardía controla, y en el que impera lo fácil e inconsistente, algo que se repite año tras año. Enorme favor que le hacen al Sistema.

Insultar a los catalanes desde mucho tiempo antes de que se conociera a Puigdemont, no es nada nuevo. Es una tónica chovinista, que esconde, como mínimo, un complejo de inferioridad. Insultar a un pueblo (no hablo de burguesía) que aceptó a miles de andaluces expulsados por el señorito y refugiados en Cataluña donde encontraron trabajo y cobijo, no es Carnaval. Resulta-, queda “mejor”- liarla con Cataluña porque “somos españoles” por cojones, que con el gobierno alemán que es quien gobierna este país en ruinas. Y para qué hablar del recurso- que tan bien le viene al régimen- de fomentar la división y el rencor entre provincias hermanas.

Sobre lo acontecido, algunos tertulianos radiofónicos dijeron, entre risas, que no había odio en ello (tampoco lo creo yo) añadiendo que no podía considerarse delito y recordando que también salieron los Reyes Magos en idéntica tesitura. Perfecto. Pero mire Ud. que ahí me surge una duda: ¿entonces por qué no representaron a Felipe de Borbón en plano de humor debajo de la guillotina? Veamos. En cuestiones pueriles seguro que lo criticarán pero no irán más allá porque Su Majestad lo está haciendo muy bien ejerciendo de Gran Inquisidor de la Santa Unidad de las Españas. ¿Alguien puede creer que el régimen no puso bozales y cadenas a todas las Carnestolendas? Cádiz no iba a ser una excepción por mucho que traten de decirnos lo contrario. 

Ya es hora de desmitificar a una “fiesta” manchada de chovinismo y cobardía. Ese chovinismo está presente en el 90 por ciento de las agrupaciones, algo que no viene de ahora, sino desde los tiempos de Franco con la excepción, posterior, del trienio 1978-1981 donde sí hubo un Carnaval valiente, reivindicativo, popular. Lo de ahora no puede denominarse así, se queda en una letanía aduladora, chismosa y aderezada, para disimular, con algún lamento que recuerda a parados y hambrientos, lamento al que le falta el valor necesario para tildar de dictadura al Sistema que genera esas miserias. El Carnaval es otra cosa.

Al hilo de esta cuestión, recuerdo que en el trienio arriba citado, podían leerse cosas como ésta sobre las huelgas de astilleros: “Se habla del P.C.E. (r) y F.R.A.P. -grupos que se dejan notar en Cádiz-, pero... ¿y esos vecinos que han arrojado frigoríficos, macetas y objetos de todo tipo contra los policías en solidaridad con los manifestantes? La cosa es más grave de lo que parece”. O titulares como "Cádiz en situación prerrevolucionaria”, de la revista Sábado Gráfico. Aquello quedó reflejado en el Carnaval de 1978 por un coro llamado, curiosamente, La Guillotina. Esa agrupación apoyó las acciones de los obreros y alabó a los vecinos que arrojaban objetos contra la Policía que asaltó la ciudad. Aquel coro fue Primer Premio del concurso. Hoy sus componentes estarían pasando todos por la Audiencia Nacional.

Mi entrañable, y ya desaparecido padre político, a menudo canturreaba algunas canciones del Carnaval de los tiempos de la República (cuantos chirigoteros fueron asesinados por la represión franquista…) que él disfrutó siendo apenas un chiquillo. Una de las estrofas que escuchó entonces y que él solía repetir era esta: “Somos los hijos de Lenin”. Lenin y el Carnaval vinculados por el pueblo que lo cantaba en la calle. Lenin y al Carnaval unidos contra la burguesía y su dictadura. 

Ni que decir tendría que me quedo con los Hijos de Lenin y no con esta actual y horrible caterva que dice ser Carnaval.

J. M. Álvarez

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